No armar el arbolito de Navidad puede ser señal depresión: esto dice la psicología
La psicología señala que el estrés de fin de año, los duelos, la presión social y ciertos perfiles emocionales influyen en la decisión de evitar esta tradición navideña.
La psicología indica los motivos por los que no querer armar el arbolito de Navidad puede relacionarse a la depresión.
No todas las personas sienten entusiasmo por armar el árbol de Navidady, según especialistas en salud mental, esta reacción puede vincularse con diversos factores emocionales. Para algunos, la decoración representa unión y alegría, pero para otros puede despertar recuerdos dolorosos, estrés acumulado o sentimientos de tristeza en esta época del año.
A diferencia de la infancia, cuando predominaba la ilusión por los regalos y las celebraciones familiares, la adultez suele estar marcada por pérdidas, distancias y conflictos no resueltos. Estos elementos pueden influir en la disposición hacia rituales como armar el árbol navideño.
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La psicología indica los motivos por los que no querer armar el arbolito de Navidad puede relacionarse a la depresión.
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En ciertos casos, evitar esta tradición funciona como una forma de regular la carga emocional o como un límite personal frente a situaciones que resultan difíciles de transitar.
Qué dice la psicología sobre no querer armar el arbolito de Navidad
El doctor Rolando Salinas (MN 72241), jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud en la Universidad Católica Argentina (UCA), explicó en Infobae: “En general, las fiestas de fin de año son un motivo de encuentro y de unión familiar. Sin embargo, hay que aceptar que conllevan un componente de estrés debido a cuestiones relacionadas con la organización de las reuniones, los cierres y balances del año laboral y personal, sumados a las preocupaciones excesivas, que son fuente de ansiedad”.
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La psicología indica los motivos por los que no querer armar el arbolito de Navidad puede relacionarse a la depresión.
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Según el especialista, los duelos por los ausentes se vuelven especialmente visibles en diciembre. “Muchas personas reviven las pérdidas, los fallecimientos, las rupturas familiares, y en nuestro caso actual, la distancia de los jóvenes emigrados. Los padres, en especial a cierta edad, se alegran del progreso de los hijos que partieron, pero también toman conciencia de la ausencia”, expresó.
El profesiona también añadió que el cambio en las estructuras familiares tradicionales también impacta en las celebraciones: “Pueden suponer un cierto estrés adaptativo para aceptar modelos más complejos con una pluralidad de dinámicas de convivencia”. Todos estos factores influyen en la predisposición a preparar la casa con decoración navideña.