Durante décadas, miles de cotorras argentinas fueron trasladadas a Europa para venderse como mascotas. Su plumaje verde, su capacidad de adaptación y su comportamiento social las convirtieron en aves populares. Sin embargo, algunas escaparon de sus jaulas o fueron liberadas y comenzaron a reproducirse en parques, jardines y espacios urbanos.
Lo que inicialmente parecía un fenómeno aislado terminó por convertirse en un desafío ambiental para ciudades como Madrid, Barcelona y Roma. Estas aves construyen nidos comunitarios que pueden alcanzar los 200 kilos, una característica que obliga a las autoridades a intervenir cuando las estructuras representan un riesgo de caída o afectan instalaciones eléctricas.
El impacto de la especie no se limita a la seguridad urbana. También se investigan sus efectos sobre otras aves.
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Cómo llegaron las cotorras argentinas a Europa y por qué se convirtieron en una plaga
La protagonista de esta historia es la cotorra argentina (Myiopsitta monachus), una especie originaria de Sudamérica que se distingue por su plumaje verde, su pecho grisáceo y sus vocalizaciones intensas.
Durante las décadas de 1980 y 1990, estas aves fueron comercializadas ampliamente en distintos países europeos. España fue uno de los principales destinos de las importaciones.
Según los datos históricos aportados sobre este comercio, entre 1986 y 2005 ingresaron legalmente a España más de 190.000 ejemplares. Las fugas y liberaciones de aves mantenidas en cautiverio contribuyeron al establecimiento de poblaciones silvestres.
Una vez instaladas en las ciudades, las cotorras encontraron condiciones favorables para reproducirse: árboles altos, disponibilidad de alimento y espacios adecuados para construir sus nidos.
Con el paso de los años, sus poblaciones aumentaron y comenzaron a generar conflictos con la actividad humana y con determinados ecosistemas locales.
En España, la cotorra argentina está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, una clasificación que responde a los riesgos asociados con su expansión fuera de su distribución natural.
Las autoridades deben evaluar aquellos nidos ubicados en puntos sensibles.
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Los nidos de las cotorras argentinas pueden pesar hasta 200 kilos
Una de las características más llamativas de esta especie es su forma de construir los nidos.
A diferencia de la mayoría de los loros, que utilizan cavidades naturales para reproducirse, las cotorras argentinas elaboran estructuras con ramas y otros materiales vegetales.
Además, no siempre construyen un nido individual. Varias parejas pueden compartir una misma estructura, que contiene diferentes cámaras de cría y crece a medida que se incorporan nuevos materiales.
Estos nidos comunitarios pueden permanecer durante años en un mismo lugar y alcanzar dimensiones considerables.
Entre sus principales características se encuentran:
- Construcción colectiva: varias parejas pueden ocupar diferentes compartimentos dentro de una misma estructura.
- Crecimiento progresivo: las aves agregan ramas y amplían los nidos con el paso del tiempo.
- Peso considerable: algunas estructuras alcanzan decenas de kilos y se han documentado nidos de alrededor de 200 kilos.
- Ubicación elevada: suelen instalarse en árboles altos, postes y determinadas estructuras artificiales.
El problema aparece cuando el peso se concentra sobre ramas debilitadas o instalaciones que no fueron diseñadas para soportar estas cargas.
Las distintas ciudades intentan controlar la expansión de estas aves
El crecimiento de las poblaciones de cotorras obligó a distintas administraciones europeas a desarrollar estrategias de seguimiento y control.
Madrid es uno de los casos más conocidos: los relevamientos realizados en la capital española registraron una población superior a los 10.000 ejemplares en la década de 2010, y las estimaciones posteriores situaron la cifra por encima de los 20.000.
Ante esta situación, el Ayuntamiento impulsó contratos y programas de control con presupuestos de varios millones de euros.
Las intervenciones pueden incluir el seguimiento de colonias, la retirada de nidos en lugares de riesgo y medidas de gestión poblacional, sujetas a las normas de protección animal y a los procedimientos autorizados.
Las intervenciones pueden incluir el seguimiento de colonias, la retirada de nidos en lugares de riesgo y medidas de gestión poblacional.
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Aquellas aves que llegaron como mascotas terminaron formando poblaciones estables a miles de kilómetros de su hábitat original. Hoy, sus enormes nidos son uno de los problemas más visibles.