Hablar es mucho más que transmitir ideas. La psicología, la comunicación cotidiana y el lenguaje corporal muestran que algunas palabras repetidas casi sin notarlo pueden influir en cómo los demás perciben nuestra seguridad al expresarnos.
Especialistas en psicología, comunicación y lenguaje corporal analizan por qué ciertas palabras repetidas afectan la percepción de seguridad personal.
Hablar es mucho más que transmitir ideas. La psicología, la comunicación cotidiana y el lenguaje corporal muestran que algunas palabras repetidas casi sin notarlo pueden influir en cómo los demás perciben nuestra seguridad al expresarnos.
En conversaciones informales, reuniones laborales o intercambios cotidianos, muchas personas repiten ciertas palabras para ganar tiempo, ordenar ideas o suavizar lo que dicen. Estas expresiones funcionan como apoyos momentáneos mientras el pensamiento avanza.
Desde la comunicación verbal, las muletillas no siempre son negativas. De hecho, pueden cumplir un rol social: evitar silencios incómodos, mostrar cercanía o mantener el turno de habla. El problema aparece cuando se vuelven constantes y dominan el discurso.
En esos casos, el mensaje pierde fuerza. Quien escucha deja de concentrarse en el contenido y empieza a notar la forma. Allí es donde ciertas palabras repetidas comienzan a transmitir duda, inseguridad o necesidad de validación.
Entre las más frecuentes aparecen expresiones como “perdón”, “capaz” y “no sé”. Aunque parecen inofensivas, su uso excesivo tiene efectos claros en la percepción del interlocutor, según análisis en lenguaje corporal y discurso.
Decir “perdón” de manera reiterada, incluso cuando no hay error, suele suavizar demasiado el mensaje. En lugar de cortesía, puede interpretarse como una postura de inferioridad o temor a incomodar.
“Capaz” funciona como un amortiguador del compromiso. Usarlo constantemente transmite que la persona no confía del todo en lo que afirma. Algo similar ocurre con “no sé”, cuando aparece aun teniendo información: debilita la autoridad del mensaje.
Estas palabras no son el problema en sí, sino la repetición automática que resta firmeza al discurso y genera una imagen de vacilación constante.
Recién aquí, desde la psicología, los especialistas explican que estas repeticiones suelen estar ligadas a inseguridad aprendida, miedo al juicio externo o experiencias previas donde opinar tuvo consecuencias negativas. No es un rasgo fijo, sino un hábito modificable.
Estudios sobre comunicación interpersonal realizados en universidades de España y América Latina señalan que quienes reducen muletillas ganan claridad, presencia y credibilidad, incluso sin cambiar el contenido de lo que dicen.
El lenguaje corporal acompaña este proceso: menos palabras de relleno suelen ir de la mano con posturas más abiertas, contacto visual sostenido y un tono de voz más estable. El cuerpo y la palabra se alinean.
Trabajar sobre estas repeticiones no implica hablar menos, sino hablar con más intención. Identificar cuándo aparecen, pausar antes de responder y confiar en el silencio son estrategias simples que fortalecen la seguridad al expresarse, según la psicología, la comunicación y el lenguaje corporal.