10 de agosto de 2026 - 13:30

Heike Freire, pedagoga española: "Buena parte de los trastornos mentales de los niños se deben a la falta de contacto con la naturaleza"

La especialista en educación y autora de Educar en verde advierte sobre las consecuencias de una infancia cada vez más alejada de los espacios naturales.

La falta de contacto de los niños con la naturaleza puede tener consecuencias que van más allá de pasar menos tiempo al aire libre. La pedagoga y filósofa española Heike Freire sostiene que el estilo de vida actual está modificando la manera en que los chicos juegan, se mueven, prestan atención y enfrentan situaciones de estrés.

En una entrevista, Freire lanzó una definición contundente: “Buena parte de los trastornos mentales de los niños se deben a la falta de contacto con la naturaleza”. La especialista lleva años trabajando sobre lo que denomina “pedagogía verde”, una propuesta que busca devolver a los entornos naturales un lugar cotidiano en el desarrollo infantil.

Su planteo no se limita a llevar a los chicos de excursión algunas veces al año. Freire propone que el vínculo con lo vivo sea frecuente y forme parte de la vida diaria, incluso cuando una familia vive en una gran ciudad.

Qué observa Heike Freire cuando los niños se alejan de la naturaleza

Uno de los puntos centrales de su planteo es que el alejamiento progresivo de los espacios naturales puede generar un círculo difícil de romper: cuanto menos contacto existe, menor puede ser también el interés por recuperar ese vínculo.

En otra entrevista, Freire explicó que los chicos que desarrollan una relación afectiva con la naturaleza pueden mostrar mayor creatividad, bienestar y capacidad para afrontar situaciones estresantes. También destacó la importancia del movimiento, el juego espontáneo y la exploración sin una actividad completamente dirigida por adultos.

Para la pedagoga, los ritmos acelerados, las actividades excesivamente estructuradas y una vida desarrollada principalmente en interiores pueden reducir oportunidades fundamentales de la infancia: correr, ensuciarse, observar animales, manipular elementos naturales y jugar libremente.

Su propuesta tampoco exige vivir cerca de un bosque. Un parque, una plaza arbolada, un jardín, una huerta o incluso plantas en un balcón pueden convertirse en formas de incorporar contacto cotidiano con otros seres vivos.

Qué dice la ciencia sobre naturaleza y salud mental infantil

La afirmación de Freire es más categórica que lo que actualmente puede establecer la investigación científica. No está demostrado que la falta de naturaleza sea la causa directa de una gran proporción de los trastornos mentales infantiles, que pueden depender de factores biológicos, familiares, sociales y ambientales.

Sin embargo, existe evidencia consistente de una asociación favorable entre la exposición a espacios verdes y distintos indicadores de salud mental.

Una revisión publicada en 2024 que analizó investigaciones sobre niños y adolescentes concluyó que el contacto con la naturaleza parece tener efectos beneficiosos sobre el bienestar y la salud mental, aunque los autores señalaron que todavía faltan estudios de mayor calidad en poblaciones clínicas y en países de ingresos bajos y medios.

Otra revisión sistemática, que reunió 29 investigaciones sobre espacios verdes y comportamiento infantil, encontró asociaciones entre una mayor exposición al verde y menores problemas conductuales, aunque una parte importante de los trabajos disponibles era de tipo observacional.

También se observaron resultados similares en revisiones anteriores, especialmente en variables relacionadas con hiperactividad, falta de atención y dificultades emocionales o de conducta. Eso refuerza la hipótesis de que el ambiente puede funcionar como uno de los múltiples factores que influyen sobre el bienestar infantil.

No hace falta ir al campo todos los días para recuperar ese vínculo

Freire plantea una idea especialmente aplicable a las familias urbanas: “renaturalizar” la vida cotidiana. No se trata necesariamente de organizar grandes salidas, sino de crear oportunidades frecuentes para estar al aire libre y relacionarse con elementos naturales.

Entre las posibilidades aparecen caminar por plazas y parques, cuidar plantas, observar pájaros o insectos, cultivar una pequeña huerta y favorecer momentos de juego libre al aire libre. La propia pedagoga ha defendido también que patios escolares y otros espacios educativos incorporen más vegetación y superficies naturales.

El punto clave es la regularidad. Para Freire, la naturaleza no debería convertirse en otra actividad obligatoria dentro de una agenda saturada, sino en un escenario donde el chico pueda moverse, investigar y decidir qué hacer.

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