Un metaanálisis publicado en el British Journal of Nutrition sobre más de 143.000 personas vinculó el consumo diario de frutos secos con una reducción de hasta el 26 % en el riesgo de padecer hipertensión. El trabajo evaluó ocho investigaciones internacionales que registraron 20.000 casos de la enfermedad.
Los resultados asociaron una ingesta diaria de 28 gramos con una disminución del 20 % en el desarrollo de hipertensión arterial. La cifra preventiva ascendió al 26 % entre aquellos participantes que mantuvieron una ingesta situada entre los 30 y 35 gramos de nueces, almendras o pistachos.
Cómo actúan los frutos secos contra la hipertensión: arginina y elasticidad arterial
La dietista e investigadora Monica Guglielmetti, profesora adjunta en la Universidad de Pavía, atribuyó estos efectos al trabajo conjunto de sus nutrientes. “Las grasas insaturadas ayudan a mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos y a reducir la inflamación”, detalló la investigadora.
Entre sus componentes figura la arginina, un aminoácido a partir del cual el organismo genera óxido nítrico para dilatar los vasos y regular el torrente sanguíneo. En forma paralela, el aporte de potasio y magnesio equilibra los líquidos corporales y facilita la eliminación del sodio acumulado. La fibra fermentada por la microbiota genera además ácidos grasos que frenan la acumulación de colesterol.
Cuántos frutos secos comer por día y qué mirar en las etiquetas
La Sociedad Italiana de Nutrición Humana fijó la ración habitual en 30 gramos por día, volumen equivalente a entre seis y ocho nueces o de quince a veinte almendras. Esta medida debe integrarse dentro de un esquema de alimentación equilibrada que incluya vegetales, legumbres, pescado y aceite de oliva, junto con la práctica regular de ejercicio.
Al momento de la compra, Guglielmetti sugirió revisar las etiquetas para comprobar que los paquetes contengan un solo ingrediente natural. “La sal, el azúcar, los jarabes, la miel, el chocolate y los saborizantes añadidos transforman el producto y hacen que su valor nutricional sea muy inferior”, advirtió la especialista.
La especialista explicó también que el tostado a temperaturas elevadas disminuye parte de las vitaminas del grupo B y puede oxidar las grasas. Por su parte, la ingesta de la piel de los frutos secos incrementa la saciedad sin alterar el valor nutricional. Guglielmetti remarcó que las grasas de las nueces son beneficiosas, pero advirtió que el exceso calórico sostenido favorece el aumento de peso y el riesgo cardiovascular.