13 de junio de 2015 - 00:00

Por la corrupción, Felipe le quitó el título de duquesa a su hermana

La infanta Cristina, imputada por colaborar con su marido Iñaki Urdangarín, fue despojada de su rango nobiliario y arriesga perder la herencia. Se defendió mostrando una carta de renuncia enviada antes de la decisión del rey.

La decisión del rey Felipe VI de España de quitarle a su hermana Cristina el título de duquesa de Palma generó un clima tenso en la familia real española. El cruce de acusaciones entre los hermanos no se hizo esperar.

Tras el anuncio de la Casa Real de la decisión del monarca, fue la infanta la que decidió contar su verdad y aseguró que fue ella quien días atrás le envió una carta a su hermano en la que le manifestaba su intención de renunciar al título nobiliario.

Poco después de que se publicara en el Boletín Oficial del Estado (BOE) la revocación del uso del ducado de Palma a Cristina de Borbón, el abogado Miquel Roca aseguró que la infanta había enviado una carta a la Casa Real manifestando su intención de renunciar al título.

Según informaron fuentes de la Casa Real, el escrito de Cristina llegó el jueves después de que Felipe VI le informara de su decisión, algo que hizo por teléfono y a lo largo de la tarde. Fue después cuando desde La Zarzuela informaron a los medios de comunicación de la decisión del monarca a través de un comunicado.

La revocación se plasmó en un Real Decreto publicado ayer en el BOE. “De conformidad con lo dispuesto en el artículo 6 del Real Decreto 1.368/1987, he resuelto revocar la atribución a su alteza real la infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de ‘duquesa de Palma de Mallorca’”, reza el texto firmado por Felipe VI.

Según explicó ayer el ministro de Justicia español, Rafael Catalá, no cabe opción de recurso. “La competencia y la facultad de otorgar títulos nobiliarios es exclusiva del rey y, por tanto, no se me ocurre la posibilidad de que haya impugnación de ese tipo de decisiones”, dijo.

La retirada del ducado de Palma a la infanta Cristina se produce antes de conocerse la fecha del juicio en el que será juzgada como “cooperadora necesaria” en dos presuntos delitos fiscales que supuestamente habría cometido su marido, Iñaki Urdangarín, quien también se sentará en el banquillo de los acusados.

La decisión de Felipe VI despertó una vez más el debate sobre la posible renuncia de la infanta a sus derechos de sucesión, reavivado el pasado diciembre, cuando la hija mediana del rey emérito Juan Carlos fue procesada en el marco del llamado “caso Nóos”.

Cristina, sexta en la línea de sucesión al trono español, recibió el título de duquesa de Palma en 1997, cuando se casó con Urdangarín. En 2011 ambos fueron apartados de la agenda oficial de la Casa Real a raíz de la imputación del ex deportista, quien será juzgado acusado de haberse apropiado presuntamente de dinero público junto a su ex socio en el llamado Instituto Nóos, una entidad sin fines de lucro ligada al mundo del deporte.

El caso de corrupción golpeó fuertemente la imagen de la monarquía española en los últimos años del reinado de Juan Carlos de Borbón, quien abdicó hace un año en su hijo. Tras la proclamación de Felipe VI como rey, Cristina dejó de formar parte de la familia real junto a su hermana, la infanta Elena, al pasar ambas de ser hijas a hermanas del rey.

En su primer año de reinado, que se cumple el próximo 19 de junio, Felipe VI tomó medidas para intentar mejorar la transparencia de la institución monárquica y recuperar la confianza de los ciudadanos. Tanto el monarca como su esposa, la reina Letizia, se han distanciado desde entonces de Cristina y Urdangarín, quienes residen desde 2013 en Ginebra, Suiza, con sus cuatro hijos.

El relevo de su padre, Juan Carlos I, que había devuelto la democracia al país, “había provocado cierta inquietud”, afirma el periodista José Apezarena, autor de varios libros sobre el monarca. Pero “se ha dado sin dificultades y la valoración de la monarquía ha mejorado mucho”.

Una cacería de elefantes de Juan Carlos en Botsuana en 2012, en el peor momento de la crisis económica, o el futuro juicio por delito fiscal a una de sus dos hijas, la infanta Cristina, habían hundido la popularidad de la institución.

Apenas llegado al trono, el 19 de junio de 2014, el joven rey, de 47 años, había prometido una Corona con “una conducta honesta y transparente”. Rápidamente ordenó una auditoría de las cuentas de la Casa Real y dictó un código de conducta para sus miembros, al tiempo que se distanciaba de la infanta Cristina y trataba de acercarse a los nuevos sectores de la sociedad española.

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