El pasado domingo 8 de junio, hacia el atardecer de una tarde primaveral romana, los presidentes de Israel, Shimon Peres; de Palestina, Mahmoud Abbas; el Papa Francisco, y el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, elevaron una plegaria conjunta por la paz en Oriente Medio y el mundo, respondiendo a la invitación del Santo Padre, hecha tan sólo dos semanas atrás, durante su visita a Belén, en Tierra Santa.
Cada representante estuvo acompañado por una veintena de líderes religiosos de sus respectivas comunidades, sumado el séquito papal y los representantes de distintas confesiones. Sobre el fondo dado por cipreses, eucaliptos y araucarias centenarias destacaban la kipá judía, los solideos rojos de los cardenales católicos, o blancos, de los líderes árabes, y las negras mitras de los ministros ortodoxos.
Miembros de las tres delegaciones monoteístas llevaron a cabo la ceremonia, pactada en tres momentos: una acción de gracias por la Creación y alabanzas al Creador; un pedido de perdón por las reiteradas luchas, rivalidades y conflictos, y un momento final de invocación por la paz.
Cada secuencia tuvo un interludio musical, con una tensión de emotiva espiritualidad, con el cuarteto de violines interpretando “Oseh Shalom”, para la oración judía; las cuerdas del arpa, con temas barrocos, para la plegaria cristiana, o el solo de violín medieval, evocador del espíritu de las mezquitas, que marcó el preludio musical de la invocación árabe.
Para el desarrollo del encuentro se pactó el orden cronológico de las tres religiones. Resonaron en los jardines vaticanos los salmos 95 y 130 del Antiguo Testamento, con la versión de la Torah y las plegarias propias del Yom Kippur, del judaísmo.
Los textos del profeta Isaías, la oración del pedido de perdón de Juan Pablo II y la plegaria de San Francisco de Asís por la Paz, -leída en árabe-, por parte del cristianismo. Y, finalmente, la primera sura del Corán y cantos seleccionados del texto sagrado, en su clásica salmodia musulmana, para la participación del Islam.
Hijos de Abraham
Concluida la primera parte del encuentro, el Papa Francisco fue el primero en intervenir, agradeciendo la presencia de los dos presidentes, que consideró “un gran signo de fraternidad, que hacen como hijos de Abraham, y expresión concreta de confianza en Dios, Señor de la historia, quien, hoy, nos mira como hermanos uno de otro, y desea conducirnos por sus caminos”. Tuvo un saludo particular para el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, de la “hermana iglesia ortodoxa”
Francisco se dirigió a los mandatarios recordando que “los hijos están cansados y agotados por los conflictos y con ganas de llegar a los albores de la paz”. Aseveró, más adelante, que todos “piden derribar los muros de la enemistad y tomar el camino del diálogo y de la paz, para que triunfen el amor y la amistad”.
En su intervención, pronunciada en italiano, memoró cuántos “han caído víctimas inocentes de la guerra y de la violencia, plantas arrancadas en plena floración”. Pidió “que su memoria dé las fuerzas para perseverar en el diálogo, a toda costa, y la paciencia para tejer día tras día el entramado cada vez más robusto de una convivencia respetuosa y pacífica”.
Concluyó el Santo Padre, a modo de oración:”¡Nunca más la guerra!”. E invocó al Creador: “Danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino. Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón”. Que “el estilo de nuestra vida se convierta en ‘shalom’, paz y ‘salaam’”.
La paz como herencia
El presidente de Israel, Shimon Peres, instó a luchar con todas las fuerzas para conseguir la paz en Oriente Medio aunque ello requiera sacrificios y compromisos. “La paz no se consigue fácilmente. Debemos luchar con todas nuestras fuerzas para llegar a ella. Para conseguirla pronto, incluso, si para ello se requieren sacrificios o compromisos”.
Expresó, asimismo, el deseo de que “la verdadera paz pueda convertirse en nuestra herencia temprana y rápida”. Y sentenció que israelíes y palestinos “desean todavía ardientemente la paz”. Peres aseguró que los israelíes y los palestinos pueden “ahora y juntos” transformar “su noble visión en una realidad de bienestar y prosperidad”. “Está en nuestro poder llevar la paz a nuestros hijos. Éste es nuestro deber, la santa misión de los padres”.
Libertad para Palestina
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, pidió “libertad” para Palestina y un “Estado soberano e independiente”. Aseguró, en nombre de los palestinos, que estos quieren “paz para nosotros y para nuestros vecinos”. “La reconciliación y la paz” son los “objetivos” de los palestinos y personalizando su plegaria en lengua árabe exclamó en los jardines vaticanos: “Aquí estamos, Dios, inclinados a la paz. Haz firmes nuestros pasos y corona nuestros esfuerzos y empeños con el éxito”. Aseveró el presidente Abbas que “Palestina, y Jerusalén en particular, sean una tierra segura para todos los creyentes y un lugar de oración y veneración para los seguidores de las tres religiones monoteístas”.
Formuló su petición a Dios para que “haga próspero y prometedor el futuro de nuestra gente, así como libertad en nuestro Estado soberano e independiente”. “Concede, Señor, seguridad a nuestra región y a nuestro pueblo, seguridad y estabilidad”. En su plegaria hizo propias las palabras de Juan Pablo II, en su visita a Tierra Santa, cuando aseguró “que si la paz llega a Jerusalén, llegará a todo el mundo”.
Citó, asimismo, las sagradas escrituras en el Evangelio de Lucas para aludir a las palabras de Jesús dirigidas a la ciudad de Jerusalén: “Si hubieras conocido en este día el camino de la paz”. El presidente palestino se refirió, reiteradamente a esta ciudad- la cual le está vedado visitar-, denominándola como “nuestra ciudad santa”, así como a la cercana Belén, a la que referenció como “la ciudad del amor y la paz y la cuna de Jesucristo”.
Concluyó el encuentro con un abrazo de la paz, entre los líderes religiosos, imitado por los representantes de las diversas comunidades de las tres religiones monoteístas. La palabra paz resonó en hebreo, italiano, inglés, árabe, español, griego... Y su eco se perdió tras la Colina de San Egidio y la Cúpula de la San Pedro que recibía ya el atardecer romano.