Hoy, sábado 8 de agosto, se cumple un nuevo aniversario de la que fue definida por el historiador de la náutica Jean Merrien como “la proeza más inaudita y singular que haya hecho un hombre solo en el mar”.
Hace 83 años, el 8 de agosto de 1943, una multitud se congregó en el puerto de Buenos Aires para darle la bienvenida a Vito Dumas, quien a bordo del LEHG II, un pequeño velero de madera de sólo 9 metros de eslora acababa de finalizar la vuelta al mundo navegando en solitario por la que se conocía como la “ruta imposible”.
Hoy, sábado 8 de agosto, se cumple un nuevo aniversario de la que fue definida por el historiador de la náutica Jean Merrien como “la proeza más inaudita y singular que haya hecho un hombre solo en el mar”.
Hace 83 años, el 8 de agosto de 1943, una multitud se congregó en el puerto de Buenos Aires para darle la bienvenida a Vito Dumas, quien a bordo del LEHG II, un pequeño velero de madera de sólo 9 metros de eslora acababa de finalizar la vuelta al mundo navegando en solitario por la que se conocía como la “ruta imposible”. El marino había seguido el paralelo de los 40º de latitud sur, en los límites de los hielos antárticos y doblando los tres cabos más temidos en la historia de la navegación: Buena Esperanza, en el extremo sur de África; Leeuwin, en el extremo suroeste de Australia; y el mítico cabo de Hornos, en el extremo sur de América, convirtiéndose también en el primer navegante solitario que consiguió doblarlo y vivir para contarlo.
A esa travesía se la conocía como “ruta imposible” debido a las extremas condiciones que reinan en esos océanos, con vientos que en ocasiones soplan a más de 100 km por hora (los temibles “40 bramadores”), olas de más de 12 metros de altura y temporales que duran días, lo que la convertía en un periplo irrealizable (hasta que lo consiguió Dumas) para un navegante solitario. Tan grande fue el tamaño de su hazaña que tuvieron que pasar 25 años para que otro hombre de mar, Francis Chichester, con un velero mucho más moderno y confortable, se animara y logrará emularlo.
Dumas había zarpado desde Buenos Aires más de un año antes, el 28 de junio de 1942. Así, su proeza tuvo un condimento extra ya que la realizó en plena Segunda Guerra Mundial, con el riesgo de ser tomado por un espía por cualquiera de las potencias beligerantes. “La guerra destroza la vida de millones de personas…Por eso emprendo esta empresa, inútil para muchos, para mostrarle a la juventud de América que el materialismo que domina el mundo es ilusorio, que otra forma de vida es posible.”, escribió Dumas en “Los 40 Bramadores”, el libro en el que narró su hazaña.
Ese viaje, junto a otras proezas anteriores y posteriores posicionó a Dumas en un sitial de honor dentro del mundo de los navegantes solitarios, tradicionalmente dominado por norteamericanos y europeos.
Por el tamaño de sus logros, Vito Dumas merecería ocupar un lugar central en el Olimpo de los deportistas argentinos. Sin embargo, el nuestro es un país que canibaliza a sus héroes y Dumas, a causa de la envidia de los mediocres y el odio de los fanáticos, se convirtió durante muchos años en “el innombrable” del yachting argentino.
Hijo de un sastre italiano, Dumas pertenecía a un sector social que era mirado con desdén por las clases altas. El primer “pecado” que cometió fue irrumpir en el aristocrático mundo del yachting vernáculo de principios de la década del ´30 con una heroica travesía desde Francia, con la cual se convirtió en el primer navegante solitario en unir Europa con Argentina. Con esa primera gesta se transformó en ídolo popular y opacó los logros de navegantes pertenecientes a las familias más acomodadas de nuestra oligarquía. La respuesta de los más envidiosos de ellos fue lanzar un rumor irracional que aún pervive residualmente en el ambiente marino: Vito Dumas es “mufa” y la sola mención de su nombre provoca graves daños a cualquiera que ose invocarlo mientras navega.
El segundo “pecado”, mucho peor que el primero, fue haber creado la Escuela de Náutica Deportiva durante el gobierno peronista y haber aceptado el grado de Teniente de Navío de la Reserva Naval que le otorgó Perón. Por ello, luego del triunfo de la autodenominada “Revolución Libertadora” en 1955, Dumas sufrió las represalias del nuevo régimen y su figura fue estigmatizada por el antiperonismo reinante en la Armada.
A pesar de su apego por la soledad de los mares, reconocía la importancia de ser parte de una comunidad y contribuir al bienestar de la sociedad. Quiso ser para la juventud una fuente de inspiración y estímulo para vencer sus propios desafíos y lució con orgullo soberano la bandera patria en todos los mares que navegó.
Nacido en 1900 y fallecido en 1965, es bueno recordarlo en estos tiempos en los que nuestra soberanía sobre el mar argentino está siendo entregada por el Gobierno nacional a potencias extranjeras.
(*) El autor es docente y cineasta. Director de un documental en colores sobre Vito Dumas llamado “El navegante solitario”, estrenado en enero de 2020.
(*) Esta noche pasarán el documental "El navegante solitario" a las 22, en XAMA TV, el canal de la Universidad Nacional de San Juan. Puede verse en https://xama.tv/.