Un poco de Aira

Entrar en este escritorazo es aceptar que no sabemos del todo a adónde vamos. En tiempos que exigen mostrar cada paso y demostrar al toque su utilidad, viene bien recordar que, como escribe Aira, algunas cosas importantes suceden fuera de campo, sin tantos testigos y sin resultados inmediatos. A veces hay que seguir avanzando, aunque todavía no sepamos muy bien qué estamos construyendo.

Presidente de FilmAndes

Motivado porque, como ocurre casi todos los años, su nombre volvió a aparecer entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura, Leí Cómo me hice monja, de César Aira y luego como siempre una cosa llevó a la otra.

Terminé el libro y empecé otro y también a buscar los demás, a recorrer lo que dicen los estudiosos de su obra, intentar entender qué hay detrás de esa literatura y ese personaje. Entrar en el mundo Aira tiene algo de excursión sin mapa: se empieza por una novela y termina preguntándose unas cuantas cosas sobre la escritura y la cultura. Publicó más de cien libros, recibió en 2021 el Premio Formentor de las Letras, el mismo que había tenido su admirado Borges en los 60. Y también tuvo la osadía de cuestionar a figuras consagradas como Cortázar o Sábato, entre otros.

Aira es de perfil público bajísimo, no lo entusiasman las fotos ni la promoción de su obra. Mientras buena parte de los escritores contemporáneos administran sus redes, anuncian sus novedades y organizan presentaciones, él prefiere escribir; y en estos tiempos de sobreexposición esa discreción no deja de sorprender.

Hay un concepto que ayuda a entender su literatura: la fuga hacia adelante: en lugar de detenerse a corregir y pulir cada página para alcanzar una forma definitiva, Aira sigue avanzando.

No se pregunta si lo que está haciendo responde a las reglas establecidas. Avanza, prueba, se equivoca, vuelve a empezar. Milita la escritura fuera de los dogmas.

Cuando vivimos bajo la exigencia de terminarlo todo, justificar cada paso y exhibir resultados; cuando todo debe tener un indicador, una conclusión y, obviamente, una foto que certifique el éxito, Aira parece recordarnos que no todo lo que hacemos tiene que estar acabado, que hay ideas que necesitan estar abiertas y experiencias cuyo valor todavía no podemos medir.

En esa fuga al futuro hay lugar para el riesgo, para la hibridez de los fragmentos, para aquello que no parece productivo. Los resultados no siempre aparecen de inmediato y se necesita tiempo para que las cosas se mezclen, se transformen y encuentren una forma que no estaba prevista.

En tiempos de ferias del libro, de espacios donde conviven la maquinaria de presentaciones editoriales, paneles, fotografías, gente sonriente y discursos inaugurales, la ansiedad por el eventismo atraviesa buena parte de la gestión cultural contemporánea. Parecería que, si no hay escenario, micrófonos, invitados y redes, la cultura no hubiera sucedido.

La lectura de Aira tiene cierta contradicción con ese modelo: sucede a solas, lleva tiempo y no siempre produce imágenes interesantes.

Sería injusto quedarse solo con la crítica. Las ferias acercan lectores, permiten descubrir autores y ofrecen a miles de personas la posibilidad de encontrarse con libros que quizás no buscarían por su cuenta. Hay algo valioso en esa multitud que recorre los pasillos, compra un libro o se detiene a hojear páginas sin saber muy bien qué está buscando. Sería todo un aprendizaje no confundir la cantidad con la calidad de la experiencia cultural.

Volviendo a Aira: su literatura se construye en esos territorios que solemos descartar: el error, lo marginal, lo improductivo, incluso cierta clandestinidad. No porque cualquier improvisación se convierta en arte, sino porque las ideas nuevas pocas veces nacen aceptando todas las instrucciones.

Entrar en este escritorazo es aceptar que no sabemos del todo a adónde vamos. En tiempos que exigen mostrar cada paso y demostrar al toque su utilidad, viene bien recordar que, como escribe Aira, algunas cosas importantes suceden fuera de campo, sin tantos testigos y sin resultados inmediatos. A veces hay que seguir avanzando, aunque todavía no sepamos muy bien qué estamos construyendo.

De vez en cuando, un poco de Aira, puede venirnos bien.

* El autor es presidente de FilmAndes.

LAS MAS LEIDAS