14 de septiembre de 2026 - 00:00

PISA 2029: ¿Qué habilidades clave deberán desarrollar las próximas generaciones?

Durante años hablamos de competencia digital con el foco puesto en enseñar a utilizar dispositivos, aplicaciones y plataformas. Hoy esa definición resulta insuficiente. Un adolescente puede desplazarse con soltura por TikTok, realizar una búsqueda en Google, pedirle una explicación a una inteligencia artificial o producir un video en pocos minutos y, sin embargo, no saber determinar si la información que recibe es verdadera, advertir quién intenta persuadirlo, por qué un algoritmo decidió mostrarle determinado contenido o qué consecuencias puede tener compartirlo.

Especialista en innovación educativa

Mientras analizamos con preocupación los resultados 2025, el primer borrador del nuevo marco de Alfabetización Mediática y en Inteligencia Artificial de PISA 2029 (MAIL, por sus siglas en inglés) trae al debate este problema: qué habilidades necesitan las próximas generaciones para el mundo que les tocará vivir. En tiempos de exceso de pantalla, ya no es importante qué herramientas digitales manejan los estudiantes, sino, con qué estrategias las usan, cómo se desenvuelven en un mundo en el que buena parte de la información, las relaciones, el aprendizaje y la participación social están mediados por plataformas y sistemas de inteligencia artificial. El cambio de enfoque no es menor. PISA define esta nueva alfabetización mediante cinco grandes competencias: acceder y usar; analizar y evaluar; participar y colaborar; crear; y, atravesándolas a todas, reflexionar y actuar de manera ética y responsable. Detrás de esas cinco acciones aparece, en realidad, una pregunta mucho más profunda para la educación: ¿qué habilidades debemos garantizar para que un estudiante pueda pensar y actuar con autonomía en el ecosistema digital?

Primero, aprender a leer

La lectura se ubica en un lugar fundamental. PISA es muy explícito sobre este punto: no es posible esperar pensamiento crítico, expresión creativa, juicio ético, responsabilidad social o participación ciudadana si los estudiantes no son lectores fluidos y no poseen conocimientos sólidos que les permitan interpretar aquello que encuentran en distintos espacios y redes. Esta afirmación resulta especialmente relevante en momentos en que todos los esfuerzos están puestos por mejorar el rendimiento de niños y adolescentes en esta área La IA hace más complejo el escenario: cuanto más fácil sea producir una respuesta, una imagen, una síntesis o un argumento mediante inteligencia artificial, más importante será que la persona que recibe ese resultado pueda comprenderlo, ponerlo en contexto, cuestionarlo y decidir si confiar o no en él. La lectura sigue siendo una puerta de entrada al pensamiento. Pero leer hoy significa algo más que comprender un texto escrito. PISA 2029 incorpora textos digitales, publicaciones en redes, audio, imágenes, gráficos, videos y contenidos generados o seleccionados algorítmicamente. El lector contemporáneo debe construir sentido entre lenguajes diferentes y, muchas veces, entre fuentes dispersas.

Saber buscar no es saber encontrar

Una segunda habilidad aparece bajo una expresión aparentemente sencilla: acceder y usar. Todos buscamos información. Pero hacerlo eficazmente implica mucho más que escribir algunas palabras en un buscador o formular una pregunta a ChatGPT. Los estudiantes deberían comprender que los resultados que reciben pueden estar condicionados por su historial de navegación, su ubicación, la popularidad de determinados contenidos, los intereses comerciales o los sistemas de recomendación. También deberían poder seleccionar herramientas, formular consultas, organizar información, proteger sus datos y cambiar de estrategia cuando el procedimiento elegido no funciona. Aprender a buscar implica también aprender a formular buenas preguntas. Frente a la abundancia casi infinita de información, el problema deja de ser simplemente acceder a ella. El desafío es decidir qué información necesitamos, dónde conviene buscarla y qué hacer con lo que encontramos.

Aprender a desconfiar sin dejar de creer

Probablemente la competencia más urgente sea la que PISA denomina analizar y evaluar.Los estudiantes deberán ser capaces de determinar el propósito, el sesgo, la relevancia y la credibilidad de contenidos producidos tanto por personas como por inteligencia artificial. Esto exige recuperar una habilidad que siempre estuvo vinculada con la lectura crítica, pero que hoy adquiere una nueva dimensión: no aceptar pasivamente aquello que aparece frente a nuestros ojos. Una imagen convincente puede ser falsa. Un texto impecablemente escrito puede contener información inventada. Una noticia verdadera puede estar presentada de manera engañosa. Una respuesta de inteligencia artificial puede sonar segura y estar equivocada.Por eso PISA incorpora explícitamente estrategias como identificar la autoría, triangular fuentes, evaluar la experiencia y los posibles intereses de quien publica y practicar lectura lateral: salir del contenido que estamos leyendo para consultar otras fuentes y determinar qué tan confiable es. No se trata de enseñar a los estudiantes a desconfiar de todo sino de enseñarles cómo decidir en qué confiar. Ese matiz es fundamental. Una ciudadanía incapaz de distinguir evidencia de opinión, información de propaganda o realidad de simulación se vuelve extraordinariamente vulnerable.

De consumidores a participantes

El nuevo marco también sostiene que saber desenvolverse en el mundo digital implica participar y colaborar.Las plataformas no son solamente lugares donde recibimos información. Son espacios donde opinamos, discutimos, compartimos, producimos identidad y establecemos relaciones con otros. PISA plantea que un estudiante competente debería poder adaptar su comunicación al contexto, escuchar perspectivas diferentes, intervenir responsablemente en una conversación, colaborar con otros y comprender que los algoritmos también condicionan qué voces adquieren visibilidad y cuáles quedan relegadas.Esto obliga a recuperar algo que a veces se pierde cuando hablamos de educación digital: la tecnología no elimina la necesidad de habilidades sociales; las vuelve todavía más necesarias.Saber conversar, argumentar, disentir sin agredir, reconocer al otro y regular las propias reacciones son también competencias digitales.

Crear, pero sabiendo para qué

La quinta competencia es crear. Quizás nunca haya sido tan sencillo producir contenidos. Una herramienta puede escribir, diseñar, editar una fotografía, generar música o construir un video en segundos. Pero precisamente por eso la creación no puede reducirse al dominio técnico. PISA plantea que crear implica identificar una necesidad comunicativa, determinar qué queremos decir, para quién y en qué formato. Supone además considerar cuestiones de autoría, originalidad, propiedad intelectual y responsabilidad en situaciones de cocreación entre humanos y máquinas. La pregunta educativa no debería ser solamente: ¿puede producirlo? Deberíamos preguntar también: ¿por qué eligió producirlo de ese modo?, ¿qué quiso comunicar?, ¿qué decisiones tomó?, ¿qué aportó la IA?, ¿qué aportó él?, ¿puede revisar y mejorar aquello que creó? Es una diferencia enorme entre generar contenido y ser autor.

Una ética que atraviesa todo

Quizás uno de los aspectos más valiosos del marco sea que la ética no aparece como un tema separado que pueda enseñarse en una clase ocasional. Atraviesa todas las competencias. Cada acción digital supone decisiones: compartir o no una publicación, entregar datos personales, utilizar IA en un trabajo escolar, intervenir en una discusión, reproducir una imagen, aceptar una recomendación algorítmica. PISA plantea que actuar responsablemente no consiste simplemente en obedecer reglas, porque muchas situaciones implican tensiones entre valores como privacidad, apertura, equidad o eficiencia. Educar significa entonces desarrollar la capacidad de ponderar alternativas y anticipar las consecuencias de las propias decisiones sobre uno mismo y sobre los demás.

Durante años las instituciones educativas pusieron gran parte de sus esfuerzos en transmitir información. Ahora la información está disponible en cantidades imposibles de procesar y, además, puede ser producida artificialmente en segundos. Lo que PISA quiere medir son las habilidades para estar en el mundo. Importará cada vez más que un estudiante pueda comprender, contrastar, seleccionar, interpretar, argumentar, decidir y crear. Sin dudas, este enfoque invita a cambiar sustancialmente la manera de evaluar. PISA anticipa escenarios simulados en los que los estudiantes deberán navegar por diferentes fuentes, verificar información, utilizar herramientas digitales, enfrentarse a contenidos generados por IA, colaborar y producir. La intención es observar no solamente qué respuesta eligen, sino qué hacen frente a un problema realista y qué decisiones toman para resolverlo.

PISA 2029 todavía está en construcción. Pero el horizonte que plantea merece atención desde ahora. La responsabilidad de la educación es más duradera: formar personas capaces de comprender aquello que reciben, cuestionar aquello que parece cierto, tomar decisiones responsables y utilizar la tecnología sin delegar en ningún momento su capacidad de pensar.

* La autora es especialista en innovación educativa.

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