4 de septiembre de 2026 - 00:00

Mendoza y su desafío urgente: construir las capacidades del futuro

El debate sobre las capacidades de Mendoza para competir en el futuro. Las discusiones urgentes para una provincia que necesita volver a crecer.

Mendoza enfrenta una década decisiva.

Durante los últimos años, gran parte de la discusión pública se concentró en cuestiones coyunturales: déficit, deuda, gasto público, presión tributaria, actividad económica o empleo. Son debates importantes y necesarios. Sin embargo, existe una pregunta más profunda que debería orientar cualquier estrategia de desarrollo para la provincia: ¿Estamos construyendo las capacidades que Mendoza necesitará para competir en los próximos veinte años o estamos consumiendo parte de ellas?

La pregunta no es menor. Porque Mendoza enfrenta simultáneamente dos desafíos.

Por un lado, una economía que lleva más de una década mostrando dificultades para crecer de manera sostenida, generar empleo privado dinámico y atraer inversiones capaces de transformar su estructura productiva.

Por otro lado, un mundo que avanza aceleradamente hacia nuevas formas de producir, trabajar y competir, impulsado por la inteligencia artificial, la automatización, la transición energética, la economía del conocimiento y los impactos económicos del cambio climático.

La discusión sobre el futuro de Mendoza no puede abordar estos fenómenos como compartimentos estancos, dado que son parte de una misma problemática.

El problema no es solamente que Mendoza no encuentre la senda del crecimiento. El problema es que mientras Mendoza NO crece, el mundo está elevando aceleradamente las capacidades necesarias para competir.

Y esa diferencia entre la velocidad a la que el mundo cambia y la velocidad a la que la provincia se adapta puede convertirse en uno de los principales desafíos estratégicos de las próximas décadas.

Una crisis de capacidades

Las economías modernas ya no compiten únicamente por recursos naturales, salarios bajos o ventajas geográficas, compiten por capacidades.

  • Capacidad para innovar.
  • Capacidad para incorporar tecnología.
  • Capacidad para formar talento.
  • Capacidad para financiar proyectos productivos.
  • Capacidad para adaptarse a nuevos escenarios.
  • Capacidad para generar conocimiento.

Por eso el desarrollo económico no puede medirse solamente por el crecimiento del producto, y mucho menos por el desempeño de un saldo contable como el equilibrio fiscal.

Como en las empresas y también en las familias, el desarrollo también debe medirse por la capacidad de una sociedad para acumular activos estratégicos de largo plazo.

  • Capital humano.
  • Capital tecnológico.
  • Capital productivo.
  • Capital empresarial.
  • Capital institucional.
  • Infraestructura estratégica.

La pregunta central para Mendoza es si estamos acumulando estos activos o si los estamos perdiendo, básicamente, nos estamos descapitalizando.

Algunos mitos que debemos revisar

En este contexto, resulta necesario revisar ciertas ideas que suelen dominar buena parte del debate económico.

La primera es que los salarios bajos atraen inversiones.

Si eso fuera cierto, las regiones más pobres serían las más desarrolladas. La evidencia internacional muestra exactamente lo contrario. (Ver documento sobre regionalización de salarios del CEFIM)

Las inversiones más dinámicas suelen concentrarse donde existen universidades, infraestructura, ecosistemas innovadores, capital humano calificado y capacidad tecnológica.

Las empresas modernas no buscan únicamente bajos costos. Buscan productividad, y esa productividad está asociada al conocimiento, la innovación y el talento.

Algo similar ocurre con la idea de que una reducción de impuestos genera automáticamente mayores inversiones (otro mantra repetido hasta el cansancio). Los impuestos son importantes, pero no explican por sí solos las decisiones empresariales.

La inversión también depende de la infraestructura, la logística, la calidad institucional, el acceso a mercados y la disponibilidad de recursos humanos calificados. Las economías exitosas no compiten solamente bajando costos, sino que lo hacen construyendo capacidades.

El ajuste, la desinversión y la pérdida de capacidades

Existe otro debate que merece ser planteado. Muchas veces se presenta el ajuste fiscal como un fenómeno que recae exclusivamente sobre el sector público.

Sin embargo, cuando se observan los efectos sobre la actividad económica, el empleo privado, la inversión o la supervivencia de las empresas, aparece una realidad más compleja. Hoy dos de cada tres empleos registrados privados perdidos desde 2023 corresponden al sector privado y uno al sector público.

La pregunta relevante no es únicamente cuánto se ajusta, es quién absorbe los costos económicos del ajuste, cuando disminuye la inversión. cuando cierran empresas, cuando se deterioran los salarios, cuando se posterga la incorporación de tecnología y cuando los jóvenes profesionales emigran.

No sólo se pierde actividad económica presente. También se deterioran capacidades futuras y una mala noticia adicional, NO toda pérdida de capacidades es reversible.

Entonces, la principal amenaza para Mendoza no es solamente el estancamiento. La principal amenaza es perder las capacidades que necesitará para crecer mañana.

Cambio climático, inteligencia artificial y futuro del trabajo

A esta situación se suman dos transformaciones globales que ya están redefiniendo las condiciones de competitividad de los territorios.

La primera es el cambio climático y los impactos económicos de dichos cambios.

Para Mendoza, especialmente, esto no constituye únicamente un desafío ambiental, sino también un desafío económico. La disponibilidad de agua atraviesa prácticamente toda la estructura productiva provincial: agricultura, agroindustria, energía, industria e infraestructura.

La segunda transformación es la revolución tecnológica. La inteligencia artificial y la automatización están modificando la naturaleza del trabajo y los procesos productivos. y acá un dato novedoso de la nueva economía: Incluso las economías que crecen enfrentan dificultades para generar empleo al ritmo que lo hacían en el pasado.

Por eso la discusión ya no es solamente cómo crear empleo. La discusión es cómo generar capacidades para los trabajos que todavía no existen. y cómo se intentará afrontar la brecha de empleo en el momento de la transición.

La competencia entre regiones será cada vez menos por costos y cada vez más por conocimiento, innovación y talento.

Cinco transiciones para la Mendoza del futuro

Frente a este escenario, la provincia necesita impulsar al menos cinco grandes transformaciones.

Primero, pasar de administrar la escasez a construir una estrategia de crecimiento. Ya no alcanza con mantener las “cuentas ordenadas” mientras la economía se derrumba.

Segundo, avanzar desde una economía concentrada hacia una economía más diversificada, incorporando nuevas actividades productivas y exportadoras. En este punto tiene la ventaja de ser una economía diversificada, pero le falta inserción estratégica y definir un norte claro.

Tercero, pasar de gestionar recursos a gestionar riesgos climáticos. Los efectos fuera de sucesos normales en el plano ambiental no deben ser subestimados.

Cuarto, dejar de competir principalmente por costos para competir por talento, innovación y tecnología. Los salarios de Mendoza en el sector público y privado deben dejar de expulsar talento y bajar la calidad y monto del consumo. Mendoza merece estar en otro sector del ranking de salarios nacionales. Urgente.

Quinto, abandonar la lógica de los ciclos políticos cortos para construir una estrategia de provincia capaz de sostenerse en el tiempo.

De los diagnósticos a las decisiones

Ninguna de estas transformaciones ocurrirá espontáneamente. Requerirán decisiones concretas. Apuntamos algunas.

En primer lugar, Mendoza deberá discutir su matriz financiera y la capacidad del sistema de crédito para acompañar procesos de inversión, innovación y transformación productiva. Hoy es uno de los principales déficits estructurales de la economía local.

No existe transformación productiva sin transformación financiera.

En segundo lugar, deberá definir una estrategia clara de inserción económica para los próximos veinte años.

Agroindustria, hidrocarburos, energía, economía del conocimiento, servicios exportables, logística regional y nuevas actividades tecnológicas deberán formar parte de una discusión estratégica sobre dónde quiere competir Mendoza.

Finalmente, la provincia deberá prepararse para un escenario nacional caracterizado por mayores restricciones fiscales, menores márgenes de maniobra y posibles reducciones en los recursos disponibles. Agostados los recursos del Fondo de resarcimiento (en obras menores) ¿Cuál será el mecanismo de financiamiento de la inversión, nueva deuda?

Una discusión sobre el futuro

La discusión sobre Mendoza no debería limitarse a cuánto crece la economía este año o cuál es el resultado fiscal del próximo presupuesto. Todas esas variables son importantes,

pero ninguna responde la pregunta más relevante.

¿Estamos construyendo las capacidades que el futuro exigirá?

Porque mientras Mendoza debate los problemas del presente, el mundo avanza hacia una economía más tecnológica, más compleja y más desafiante.

La verdadera amenaza es llegar sin las capacidades necesarias para competir en él, en este punto deben de manera urgente, todos los actores del sector político, empresario y universitario. Administrar los recursos ya NO alcanza para enfrentar el futuro.

El desafío consiste en construir las capacidades productivas, tecnológicas, humanas e institucionales que harán posible el desarrollo de las próximas décadas.

La discusión, en definitiva, no es solamente cuánto crece Mendoza. La discusión es qué Mendoza estamos construyendo para el futuro.

* El autor es Director del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza (CEFIM).

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