14 de junio de 2026 - 00:30

Las andanzas de un cripto chanta

Manuel Adorni no es un héroe (como dice Milei) ni un villano (como dice el resto de los argentinos). Es algo mucho más profundo y peor: la encarnación acabada de todos aquellos vicios culturales producidos por décadas de decadencia nacional, a los que supuestamente el mileismo vino a destruir.

Esta semana, en la entrevista televisiva donde confesó toda su supuesta verdad acerca del patrimonio que no declaró, Manuel Adorni trató de pegarse lo más posible a Javier Milei insinuando que él era la mejor creación, el arquetipo humano perfecto, de la" batalla cultural" que el presidente predica: Un amante de las cripto monedas desde el surgimiento de éstas, o sea un adelantado que ya ganaba fabulosas sumas con los bitcoins muchos años antes del Libra gate. Un evasor heroico que siempre tuvo su plata en negro por el loable objetivo de luchar, desde su ocultamiento en el colchón, contra la vieja política que le quería quitar sus honestos ahorros. Un guerrero audaz que está poniendo -con su crucifixión mediática- el pecho para cubrir al presidente de los golpistas. En síntesis, un enemigo permanente de la casta, que ya peleaba denodadamente contra ésta desde mucho antes que el mileismo naciera. Simboliza, por lo tanto, al nuevo hombre mileista en su mayor perfección, aunque los deleznables periodistas y demás enemigos del sistema confundan a la opinión pública, considerándolo meramente un cripto chanta.

Sin embargo, la verdad no es ni tanto ni tan poco. Adorni no es un héroe (como dice Milei) ni un villano (como dice el resto de los argentinos). Es la encarnación más acabada de todos aquellos vicios culturales producidos por décadas de decadencia nacional, a los que supuestamente el mileismo vino a destruir. Si la batalla cultural que Javier Milei dice encabezar es verdadera y justa, pues entonces, Manuel Adorni es un infiltrado del enemigo en sus filas. En cambio, si como dice creer Milei, Adorni es la mejor expresión de su nueva política, el presidente se ha comprado un problema importante.

El medio pelo en la sociedad mileista

El ex vocero y jefe de gabinete virtual (porque está imposibilitado de ejercer su cargo, que hoy ha devenido tan abstracto e irreal como sus cripto ahorros) en realidad podría ser caracterizado con mucha mejor precisión como quien con su accionar resucitó un término que fue muy famoso en los años 60 en la Argentina, cuando la clase media estaba en su apogeo de movilidad social ascendente. Allí se comenzó a hablar del “medio pelo”, palabra que se define como un modismo coloquial y despectivo que se utiliza para referirse a alguien que quiere aparentar un estatus social, económico o cultural superior al que realmente posee.

Tobías Garzón en su "Diccionario de argentinismos" define así a los de medio pelo: "Aplícase a las personas de sangre o linaje sospechoso o de oscura condición social que pretenden aparentar más de lo que son".

Los críticos del medio pelo (de los cuales el más afamado fue el ensayista peronista Arturo Jauretche) eran defensores de la clase media emergente que se estaba transformando en el sector social más progresista y equilibrado de la Argentina, el que distinguía positivamente al país del resto del continente, donde predominaban los ricos y los pobres sin que hubiera casi nadie en el medio. Sin embargo, muchos advertían acerca de una tendencia muy negativa en esa clase media argentina: la propensión de una parte de ella (la más cholula y pretenciosa) de que en vez de sentirse orgullosa con el estatus al que había arribado con el esfuerzo propio, quería usarlo para imitar las modas, opiniones y gestos de la clase alta. Su mayor obsesión no era ser lo que era, sino parecer lo que no era.

En una sociedad tan diferente a la de los años 60 del siglo XX, donde hoy la principal obsesión de la clase media no es ascender a la clase alta sino la de poder evitar caer a la clase baja o directamente a la pobreza que con el esfuerzo de varias generaciones derrotaron, Manuel Adorni es un espécimen extraído de aquellas épocas, con todo lo que de anacrónico tiene estar "fuera de tiempo": un tipo que formó una discreta familia de clase media que vivía de su trabajo, pero que apenas entró en la política hizo absolutamente todo lo que no debía hacer, tirando así la honra a los perros, con la única finalidad de pertenecer a la clase alta a la que observaba -con quizá un dejo de envidia- pertenecían casi todo el resto de los ministros.

Adorni es la reencarnación siglo XXI de la clase media argentina de medio pelo, con la única gran diferencia de que los del medio pelo en su época de esplendor solo buscaban imitar a la clase alta. No les interesaba formar parte de la casta política, mientras que este personajillo fuera de época se hizo parte de la casta política para conseguir desde allí los recursos suficientes a fin de pegar el gran salto de clase media venida a menos a clase alta, aunque fuera de clase alta “políticamente expuesta”.

Los únicos privilegiados son los niños

Contemos de manera resumida la definición de sí mismo que Adorni, en la entrevista televisiva de esta semana, buscó explicar para justificar porqué tenía desde antes de entrar al gobierno los recursos económicos injustificables que se descubrieron cuando entró en el gobierno, porque es tan increíble y fantasioso como desopilante:

Cuenta Adorni la historia de un hombre (él mismo) que, con su mujer, juntaron plata para el futuro familiar desde hace unos 25 años. Pero un cierto día, como en apariencia le parecía poco lo ahorrado (unos 200 mil dólares) decidió apostarlo todo en la timba de las criptomonedas. Y tuvo tanta suerte y talento que ganó un montón de plata (unos 300 mil dólares). Por supuesto que esos 500 mil dólares los siguió guardando en negro en el colchón, manteniendo su vida austera porque seguía ahorrando para un futuro mejor. En el interín, los Adorni tuvieron un par de niños, que eran, claro, la concreción de ese futuro.

Sin embargo, un día el destino se le cruzó desafiante al contador con visión cripto. Y le cambió ciento ochenta grados su vida: el hombre entró en política dentro de un partido que venía a pelear contra la vieja política. Pero debido a ese acto de arrojo y valentía las cosas se le complicaron con sus hijos pequeños: porque cada vez que los llevaba personalmente a la escuela, a la salida del digno pero modesto departamento en un barrio de clase media tirando a baja donde vivía, gente mala agredía a sus hijos al reconocerlo a él. Y para peor, cada vez que llevaba a sus chicos a la plaza, esa gente mala lo seguían agrediendo a él y a sus pibes.

Entonces, Adorni tomó una drástica decisión: gastarse hasta el último de los 500 mil dólares que tenía pensado usar con el fin de darle la mejor educación a sus hijos, para irse a vivir a un lugar donde no corrieran el riesgo de ser agredidos por ningún tipo de gente mala. Así, se compró un departamento en un barrio mucho más cheto, y por ende más seguro, a fin de poder llevar a sus hijos a la escuela sin problemas. Y, además, lo que no es menos importante, también se compró una bonita casa en un country para poder llevar a sus chicos a jugar en la plaza sin que nadie los agrediera, porque los que jugaban allí eran todos chicos de gente fina.

En síntesis, Adorni se gastó hasta el último peso de los ahorrados en 25 años y de los ganados en la timba cripto, para la seguridad y alegría presente de sus pibes. Total, ya no necesitaría esos ahorros porque su vida había cambiado y su futuro ya estaba asegurado dentro del paraíso de la política.

El Adorni de medio pelo que apenas llegó al gobierno comenzó a imitar a los ricos de los cuales ya se sentía parte, le explicó, entonces, al periodista, que él pudo haber cometido un error, pero que seguía siendo un hombre honesto. Que todo lo hizo por sus hijos, porque él, aunque no fuera peronista, siempre creyó que los únicos privilegiados eran los niños. Con todo lo moralmente discutible que sea utilizar a dos chicos chiquitos como coartada de las cosas indefendibles que venía a defender en la tevé.

El arquetipo del héroe mileista

Sin embargo, por las dudas de que con su sensiblero argumento de que "todo lo hice por mis hijos", no alcanzara para conmover lo suficiente el sentimiento de los argentinos, también utilizó un argumento de neto corte político cuando le dijo al periodista. "El objetivo no soy yo, sino voltear al gobierno. El objetivo es el presidente Milei".

No solo se cubrió las espaldas poniendo de coartada a sus hijos, sino que también lo puso de coartada al propio presidente. Entonces explicó por qué él nunca hizo sino lo que le ordenó Milei, y de tan mileista que era “congénitamente”, lo hizo incluso antes de que lo conociera a Milei. Hay gente que quiere ser mileista sin Milei, Adorni -en cambio- fue mileista antes de Milei. Una versión laica y sumamente bizarra de lo que fuera Juan el Bautista cuando profetizaba la llegada del Redentor.

Adorni siempre fue mileista porque, como dijo el presidente en 2024 en el Foro Llao Llao durante un discurso frente a empresarios: "Quienes logran fugar dólares son héroes porque consiguieron escapar de las garras del Estado".

Algo que Milei reafirmó vía declaraciones públicas en 2025: "Quienes evaden impuestos o logran zafar del sistema son unos genios, porque el que evade es un héroe que solo busca proteger su dinero de la presión fiscal y el impuesto inflacionario".

Adorni le dijo entonces esta semana a Milei: Señor presidente, yo siempre fui ese típico héroe mileista, incluso antes de conocerlo a usted, porque durante toda mi vida evadí dinero para luchar contra la casta y contra la vieja política. Por eso mantuve la plata en negro como todos los argentinos.

Con lo cual, aparte de considerarse un héroe mileista, también se erigió en representante de la mayoría silenciosa que tiene la plata en los colchones.

La plata la hizo ahora, no antes

Contradiciendo toda esta suma de pavadas, en nuestra opinión la única declaración jurada de bienes verdadera de Manuel Adorni es la primera que presentó, cuando apenas asumió en la función pública como vocero presidencial. Esos escasos bienes inmuebles que allí expuso eran los únicos que tenía, y esos pocos dólares que declaró eran los únicos que había ahorrado, sin cripto timbas ni ninguna de esas chantadas que dijo haber realizado, pero que nunca las efectuó porque ni siquiera tenía idea de qué se trataban.

Por eso es totalmente increíble el relato adorniano que él hizo público en la tevé, porque lo más seguro es que ni un peso de los declarados ahora, los haya tenido antes de asumir la función pública.

Es todo puro cuento. El relato surrealista de esta semana solo fortalece la hipótesis más lógica: que prácticamente la totalidad de los excesivos gastos particulares que realizó desde que entró en la política fue con plata que consiguió, toda, desde que entró en la política. Que jamás mintió en su primera declaración jurada, que está mintiendo hoy. Lo que en 2023 dijo que tenía era lo que tenía, y ahora quiere explicar que tenía más desde antes de entrar en política para no reconocer que todo lo consiguió desde que llegó al poder. Lo cual sería un "error" infinitamente más grande que el de haber tenido desde hace muchos años plata en negro. Además, de ser cierto que la plata la obtuvo recién cuando entró en política, Adorni debió haber contado para conseguirla, con cómplices en la política. Quizá por eso a más de uno en el gobierno le convenga que Adorni siga sosteniendo lo que no le cree nadie porque es imposible de creer: que la plata que no puede declarar la hizo fuera y antes de su actividad pública.

Defenderlo para que muera sin salpicar sangre

Como es muy difícil entender la defensa a ultranza que Milei hace de Adorni (en realidad no lo entienden ni siquiera su gente más cercana, excepto su hermana), quizá tal actitud no sea solamente una mera obcecación del presidente para demostrar que a él no le tuercen el brazo ni sus decisiones, nadie.

A esta altura de las circunstancias, es dable pensar que lo que está haciendo Milei es dejar que Adorni se entierre solo, porque es la dirección que más le conviene. Vale decir, que si la riqueza recién ahora declarada por Adorni, éste la hizo antes de entrar en política, el presidente como máximo cargaría con la responsabilidad de haber elegido a un mal funcionario. De haber sido un ingenuo. Y punto.

Que eso es lo que hoy por hoy, subliminalmente, el gobierno intenta imponer como agenda permitiéndole al jefe de gabinete que diga en una entrevista tamaña cantidad de inconsistencias. Sabedor de que Adorni es indefendible (eso lo sabe hasta Milei o, mejor dicho, Milei lo sabe más que nadie) porque ya no podrá jamás de los jamases convencer a nadie de ningún tipo de inocencia, que al menos pueda convencer a una parte de la opinión pública de que la plata la tenía desde antes de entrar al gobierno, aunque la haya conseguido de modos non sanctos, contrarios a los que él aduce (por ejemplo, que no era plata ahorrada en negro con su trabajo, sino que más bien era producto de algún tipo de lavado o trapisonda similar).

De ese modo, si la plata la hizo antes, desaparece toda relación del enriquecimiento de Adorni con el presidente y con el gobierno. Además, aunque mañana le suelten la mano y que en venganza Adorni se arrepienta nuevamente y rectifique por enésima vez su declaración, admitiendo que la plata la ganó ahora y no antes, con complicidad de alguien de la política, tampoco se le creerá. Ni lo que dijo antes, no lo que dice ahora, ni lo que dirá mañana.

Es cierto que con todo este ir y venir la imagen del gobierno y del presidente se han desgastado muchísimo en estos tres meses “adornianos”, pero no se trata de nada que no se pueda superar, sobre todo si la macro sigue andando bien. Mientras que la credibilidad de Adorni será cada vez más nula de toda nulidad, aunque se transforme en un arrepentido y cante la verdad.

En síntesis, el Adorni enriquecido con la lotería de las cripto no se lo cree nadie, pero al menos está logrando instalar el foco en el lugar menos peligroso para el gobierno: el de que toda la plata que no declaró ya la tenía antes de entrar al gobierno. Porque si la hubiera logrado desde que entró, ya que antes no tenía nada, el gobierno estaría en el brete de ser acusado de posibles complicidades.

Por eso, a Adorni hay que lograr dejarlo absolutamente solo, que no pueda embarrar a nadie más que a él (total más embarrado ya no puede estar) y que, por lo tanto, le resulte imposible salpicar barro ni sangre hacia ningún lado del gobierno que penosamente sigue integrando aún en su calidad de muerto vivo. Y entonces, cuando esté absolutamente solo y cuando nadie le pueda creer ni aunque diga la verdad, ya no le será necesario a nadie.

* El autor es sociólogo y periodista. [email protected]

LAS MAS LEIDAS