martes 20 de abril de2021

Tenerla y disfrutarla con toda intensidad. “Un techito propio”, dice la gente y es eso un lugar de uno donde refugiarse de las inclemencias del afuera. / Foto: Imagen ilustrativa / Web
Opinión

La casa propia

Una de las mayores ambiciones del ser humano es tener su casa propia. Tenerla para hacerla suya con el paso de los días; porque una casa se hace con ladrillos, con cemento y con recuerdos. Tenerla y disfrutarla con toda intensidad. “Un techito propio”, dice la gente y es eso un lugar de uno donde refugiarse de las inclemencias del afuera.

Tenerla y disfrutarla con toda intensidad. “Un techito propio”, dice la gente y es eso un lugar de uno donde refugiarse de las inclemencias del afuera. / Foto: Imagen ilustrativa / Web

Pero se hace cada vez más difícil. A un representante de la clase media cada vez le queda más lejos el propósito y si no hay un plan y él está anotado en ese plan y le toca la suerte, la cosa se hace muy difícil.

Con lo que gana un empleado de la clase media no le alcanza ni para empapelar una pared, mire si le va a alcanzar para hacer varias paredes.

Si la hace por cuenta propia, primero hay que tener un terreno, un trozo de tierra en donde instalar la construcción y eso se hace cada vez más lejano, si tenemos en cuenta lo que cuesta un trozo de tierra hoy. Es imposible de alcanzar, salvo que sea en el secano de Lavalle.

Pero después hay que construir y esto se hace cada vez más imposible, salvo que alguno haya sacado el Quini 6, a los demás les resulta imposible el emprendimiento.

Entonces tienen que alquilar y se les va la mitad de sueldo en esta acción. Todo se restringe y al final de mes sólo le quedan unas moneditas para ir tirando.

Qué bueno sería que todos los habitantes de este país bendito tuvieran su lugar, su hábitat, su refugio. Yo sé que el emprendimiento es magno y no tiene con qué el Gobierno. Si no puede pagar la deuda externa mire si va a tener plata para costearle una vivienda digna a aquellos que no la tienen.

Entonces crecen las villas de aledaños, las bien llamadas marginales, porque quedan al margen, viviendo debajo de cualquier cosa que le sirva de amparo: una chapa, un cartón, un nylon.

Da mucha bronca saber que hay compatriotas que están vivivendo en estas condiciones y no tienen ni la más mínima esperanza de salir de ellas.

Son decenas de miles los que se apiñan en lugares precarios sin servicios, sin agua, sin gas, sin luz. Uno que los tiene pone el grito en el cielo cuando algunos de estos servicios faltan. ¿Qué dirían si no los tuvieran nunca? ¿Cómo reaccionarían?

La casa propia, un amparo que todos merecen y que a miles les falta. Puede que llegue un tiempo de bonanza y se pueda construir para todos, para que todos puedan apreciar lo que es tener un techo donde ir a guardarse.

Mientras tanto, será la injusticia la que siga privando en nuestro país. Serán cada vez más lo que se mojen cuando llueve, los que se afirmen a los palos cuando sopla viento, los que añoren un cachito de sombra cuando castiga el sol.

La casa propia, algo que todos merecen y que sólo una porción de nuestra población puede disfrutar. Ojalá que en un futuro yo no tenga que escribir este monólogo.