La Argentina y Chile deben adelantarse al año 2048, fecha crucial para el futuro del continente Antártico, mediante acciones conjuntas y concretas en defensa de sus intereses.
La Argentina y Chile/Chile y Argentina, vienen cooperando hace muchos años en el continente. El inicio para ese entendimiento fue la “Declaración conjunta sobre la Antártida Sudamericana” de 1947, luego ratificada por acuerdo de 1948. En ella ambos países se reconocen mutuamente sus reclamos territoriales como legítimos y dejan para una futura negociación la delimitación de su frontera antártica común y propugnan la cooperación. Se acordaba principalmente para hacer frente a otros estados, como Gran Bretaña.
La Argentina y Chile deben adelantarse al año 2048, fecha crucial para el futuro del continente Antártico, mediante acciones conjuntas y concretas en defensa de sus intereses.
¿De qué estamos hablando? Antes debemos recordar que por el Tratado Antártico de 1958 se “congelaron” los reclamos territoriales soberanos y se preservó el continente como un espacio de paz y para la ciencia, tratado que no tiene fecha de vencimiento.
Pero a partir del año 2048, cualquier parte consultiva del Tratado Antártico, podrá pedir la revisión del Protocolo de Madrid de 1991, que prohíbe la explotación de los recursos naturales del continente.
Con ese horizonte temporal y en el contexto global de puja creciente por los recursos naturales, los países con intereses en el continente (no necesariamente con reclamos territoriales) y que tienen presencia en el mismo, por bases o actividades científicas varias y realizan principalmente un esfuerzo logístico y de recursos enorme, podrían habilitar la explotación de los recursos naturales del continente, bajo ciertas condiciones.
Tres países, creemos, serán los más activos en ese sentido: EE.UU., Rusia y China. Los dos primeros no tienen reclamos territoriales, pero se reservaron en el Tratado Antártico el “derecho a efectuarlos y no reconocen los de terceros estados”. Pero también es de destacar la proyección y actividades científicas que, en el continente, ha realizado China durante los últimos años, en especial el uso de tecnología dual.
Ese permiso para la explotación minera y petrolera ya se intentó, por la Convención de Wellington de 1988 y, atento las divergencias entre sus partes y la presión internacional pro ambiental terminó salomónicamente en el Protocolo de Madrid.
La Argentina y Chile/Chile y Argentina, vienen cooperando hace muchos años en el continente. El inicio para ese entendimiento fue la “Declaración conjunta sobre la Antártida Sudamericana” de 1947, luego ratificada por acuerdo de 1948. En ella ambos países se reconocen mutuamente sus reclamos territoriales como legítimos y dejan para una futura negociación la delimitación de su frontera antártica común y propugnan la cooperación. Se acordaba principalmente para hacer frente a otros estados, como Gran Bretaña.
Con el transcurso de los años, surgieron acciones concretas tales como: patrullaje naval combinado; búsqueda y rescate de embarcaciones civiles o científicas en peligro; ejercicios militares conjuntos y apoyo logístico mutuo, etc.
Recordemos que el sector de la Península Antártica (Tierra de O’Higgins para Chile), es el único donde hay disputas territoriales o controversias, por superponerse los sectores reclamados por Argentina, Chile y Gran Bretaña.
Además, debemos mencionar que hay un enorme espacio no reclamado, la tierra de Marie Byrd y que el cambio climático hace que el continente helado sea cada vez más accesible, todo ello habilita a pensar una posible puja por los recursos naturales que allí puedan encontrarse.
La proximidad geográfica, los lazos históricos y culturales comunes dan singularidad a los reclamos de Chile y Argentina y deben servir para posicionarse como un “solo actor” frente a terceros.
Pensamos, que las acciones conjuntas deben ir más allá de la simple cooperación, debemos avanzar en alguna forma de “unificar” los reclamos nacionales, creando “solidaridades de hecho” e interdependencia creciente de los espacios antárticos; para una futura coadministración o condominio. Así honraremos la integración sudamericana y podremos preservar el continente para la paz y la ciencia y, en su caso, estar mejor preparados para la posible habilitación de la explotación de los recursos naturales del continente.
* El autor es especialista en relaciones internacionales.