Hasta las 21:09 del lunes 25, cuando ya se sabía quiénes tenían asegurada matemáticamente la elección, casi todas las encuestas electorales indicaban que Luiz Inácio Lula da Silva podía ser derrotado por Flávio Bolsonaro. Entre los factores que dificultaban la contienda estaban los errores de comunicación digital de la campaña del Partido de los Trabajadores, la oposición del gobierno de Estados Unidos y de sectores económicamente privilegiados del país, junto con gobernadores opositores, así como la difusión de noticias falsas impulsada por la campaña rival. A esto se sumaban las acusaciones de que Meta favorecía a la extrema derecha a través de sus algoritmos y herramientas de inteligencia artificial, así como las sospechas de posibles fallas en el recuento de las visualizaciones de contenidos favorables a Lula. También se cuestionaban la independencia y la imparcialidad de jueces del Tribunal Superior Electoral (TSE) designados por Jair Bolsonaro, padre de Flávio.
La disputa electoral también estaba atravesada por la manera en que los brasileños percibían la situación económica del país. Según una encuesta de Ipespe realizada en octubre de 2026, durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 53 % de los encuestados consideraba que la situación económica del país era mala o muy mala. En contraste, el 40 % evaluaba positivamente su propia situación financiera, mientras que el 45 % la calificaba como regular. ¿Cómo se explica esta diferencia? Una hipótesis posible es que los medios de comunicación hegemónicos y las redes sociales influyan en la percepción colectiva de la economía y lleven a una parte de la población a evaluar negativamente la situación nacional, aun cuando su experiencia financiera individual no coincida plenamente con ese diagnóstico.
En Brasil, la extrema derecha se destacó tempranamente por el uso electoral de las redes sociales, con consignas, memes y videos cortos, formatos que tienden a simplificar el debate político y a limitar la reflexión crítica. La centralidad de las consignas en la movilización de masas remite a la experiencia de Gabriele d’Annunzio, cuyas prácticas contribuyeron a configurar la cultura política que precedió al fascismo italiano. La eficacia de estas estrategias también depende de las condiciones sociales y tecnológicas que favorecen la circulación de contenidos políticos. En Brasil, sin embargo, el uso generalizado de herramientas digitales en la vida cotidiana no implica necesariamente una participación política activa. Esta distinción es fundamental para comprender la experiencia del canal Ejército de Lula.
Con más de 10 millones de integrantes, el canal creado y coordinado por el diputado federal André Janones durante la segunda vuelta apostó por la movilización digital como herramienta de disputa política y desempeñó un papel relevante en la campaña de Lula. A través de misiones con plazos y objetivos definidos, se alentaba a los participantes a sumar integrantes al canal, compartir contenidos, impulsar hashtags, participar en transmisiones en vivo y actos políticos, e incentivar a quienes no habían votado en la primera vuelta a concurrir a las urnas. La iniciativa buscó convertir a los simpatizantes en protagonistas activos de la campaña, articulando acciones de movilización tanto dentro como fuera de las redes. Como dato ilustrativo del resultado electoral, entre los electores que no habían votado en la primera vuelta, pero sí lo hicieron en la segunda, Lula obtuvo el 71 % de los votos.
La estrategia de movilización del canal se basaba en generar un sentido de urgencia, reforzado por expresiones recurrentes como «¡Gente, urgente!», «¡Que explote!» y «¡Misión del día!», que se convirtieron en marcas reconocibles de su comunicación y terminaron transformándose en memes en las redes sociales. Estas expresiones combinaban el lenguaje militar, presente en el propio nombre del canal, con llamados a compartir contenidos, ampliar el alcance de las publicaciones y cumplir tareas de movilización digital. La repetición de estas consignas contribuía a establecer una rutina de participación y a reforzar el sentimiento de pertenencia a un colectivo movilizado en torno a un objetivo político común. Paradójicamente, el tono enfático y la frecuencia de las convocatorias también alimentaban el humor y la parodia, lo que ampliaba la circulación de esas expresiones más allá del público inicialmente involucrado. De este modo, el lenguaje de la campaña funcionaba tanto como herramienta de movilización política como materia prima para la creación y difusión de memes.
Janones, que se define como progresista, no milita en el partido de Lula, aunque contribuyó a su campaña presidencial de 2022. Crítico de los modelos tradicionales de comunicación electoral, que considera demasiado formales y poco adaptados a las plataformas digitales, defiende un enfoque directo, popular y ágil, basado en contenidos fáciles de compartir y en la acción coordinada de los simpatizantes. Esta concepción se desarrolla en su libro Janonismo Cultural: o uso das redes sociais e a batalha pela democracia no Brasil (Editorial Civilização Brasileira, 2023), en el que analiza su método de intervención y confrontación política en el entorno digital.
En este contexto, el anuncio de que el canal Ejército de Lula seguirá activo después de las elecciones de 2026 abre la posibilidad de transformar una estructura de movilización electoral en un espacio permanente de organización de los simpatizantes del gobierno. Queda por ver si la iniciativa logrará sostener la participación política más allá de los períodos de campaña.
* El autor es profesor del Departamento de Comunicación Social de la Universidad Federal de Río Grande del Norte (UFRN), Brasil.