11 de octubre de 2026 - 00:25

Caputo bajo el fuego de Bullrich

Patricia Bullrich es una de las pocas voces que se atrevió a objetar públicamente aspectos de la política económica del gobierno nacional. Y ahora resulta que el destinatario de aquel fuego amigo, Luis “Toto” Caputo, aparece jaqueado.

Periodista

Hasta ahora las turbulencias en el poder nacional generadas por dirigentes como Patricia Bullrich se consideraban normales. Es un personaje político útil para el poder que la acoge. Su experiencia de muchos años la convierte en respetable para propios y extraños. Al menos, en el actual rol de líder parlamentaria del oficialismo libertario viene mostrando solidez y respetable predisposición para consensuar con la oposición en caso de ser necesario.

Por otra parte, es una de las pocas voces que se atrevió a objetar públicamente aspectos de la política económica en lo atinente a la repercusión en los sectores de la sociedad más demorados por el demorado “derrame” del plan de estabilización del gobierno.

Y ahora resulta que el destinatario de aquel fuego amigo, Luis “Toto” Caputo, aparece jaqueado y en medio de versiones y especulaciones sobre su eventual salida del gobierno. Mientras tanto, la “Pato” mantuvo una reunión de más de dos horas con el presidente Milei. Tiempo más que suficiente, dijeron algunos, para hablar de todo un poco; o tal vez mucho de lo que más preocupa, que no es poco.

Hay muchas especulaciones sobre el acercamiento del gobierno al economista Alberto Ades, también ortodoxo, defensor de lo que él define como “compromiso mesiánico” de Javier Milei con el superávit fiscal, pero más pragmático –dicen- y menos rígido en el manejo de algunas variables. Al cierre de este artículo resultaba imprudente y apresurado conjeturar. Pero sí es indudable que el actual ministro parece resistirse a entrar en un cono de sombra. Algunos manuales de la política aconsejan en estos casos tomar decisiones a tiempo, en este caso a un año justo de la elección por la pretendida reelección presidencial.

Dejando de lado estas especulaciones motivadas en gran medida por la “recesión técnica” imperante, entre otros factores vinculados a la conducción económica, también se puede decir que es evidente que estas versiones generan movimientos en el mundo de la política doméstica.

No quedan dudas de que hasta el momento el oficialismo demuestra muy poca aptitud para poder imponer en forma clara temas importantes para el gobierno, como la reforma política, prácticamente reducida a una pelea por las primarias abiertas en el marco de las negociaciones con los gobernadores amigos. Una suerte de cambio de figuritas; el asunto es ver quién tiene la más buscada.

Esta escena puntual tiene dos capítulos. Por un lado, la definición entre la Nación y los jefes provinciales amigos sobre cómo ordenar el calendario electoral del año próximo. Y en segundo lugar hasta qué punto el apoyo que llegue desde las provincias hasta el Congreso para avanzar con las leyes que le interesan al mileísmo será recompensado con lo que les interesa a varios gobernadores. En el caso puntual de Mendoza partícipe saliente es Luis Petri, con su ambición de ser el sucesor de Cornejo para disgusto de éste y todo su séquito.

Tanto los que vuelven a apostar por una nueva chance presidencial de Bullrich como radicales y hasta macristas que pretenden que sus estructuras partidarias sobrevivan a la pulseada entre mileísmo y kirchnerismo consideran que el límite de cualquier especulación o eventual armado es el proyecto de gobierno económico impuesto por Milei. Aunque resulta bastante temerario comenzar a hablar de una suerte de mileísmo sin Milei tan pronto. Es el mensaje que envió Bullrich cuando comenzó a tomar distancia de los cortocircuitos del poder.

Después están los que consideran que la supuesta rebeldía de Patricia Bullrich estaría enmarcando una maniobra orquestada por algún estratega del oficialismo. Esto se puede interpretar como una interna, aunque se hable de eliminar las primarias abiertas.

Al respecto cabe recordar que en 2019 y ante versiones parecidas sobre Macri, el entonces jefe de Gabinete, Marcos Peña, decía en forma contundente que “a un presidente no se le hacen internas”. Poco después las PASO prácticamente sentenciaron al jefe de Juntos por el Cambio a la derrota que tuvo meses después en las generales, a pesar del repunte que mostró.

Lo cierto es que hay un sector de la dirigencia que imagina un escenario electoral con por lo menos dos expresiones por cada sector dominante. Un peronismo que no acuerde unificarse y que vaya por dos senderos y un oficialismo libertario que encuentre en una especie de ex Juntos por el Cambio una opción más moderada y con vocación de respaldo hacia adelante.

Los que no descartan una alternativa cercana al mileísmo estiman que con un peronismo dividido y una opción más dialoguista y alineada al gobierno está garantizada una segunda vuelta electoral a cara o cruz, en la que la negociación sea imprescindible en ambas partes. Especulaciones tal vez demasiado prematuras.

Se debe tener en cuenta que el sector que lidera Axel Kicillof pretende unificar detrás de la candidatura presidencial del bonaerense a la mayor parte del peronismo del país, de modo de no volver a sufrir la fragmentación del año pasado, que le permitió a La Libertad Avanza ganar en forma cómoda de norte a sur.

En ese aspecto se debe advertir que hay una especie de núcleo duro que responde al mileísmo y que está representado en los 14 mandatarios que acompañaron al presidente recientemente a París. Entre ellos peronistas, como el catamarqueño Jalil, el salteño Sáenz y el cordobés Llaryora, que envió a su vicegobernadora. Los desdoblamientos de elecciones provinciales de las presidenciales, que ya se están concretando (Pullaro ya fijó fecha en Santa Fe) puede terminar favoreciendo al oficialismo libertario en las presidenciales.

Múltiples conjeturas que alimenta la misteriosa estrategia de Bullrich, que preocupar a muchos, menos al presidente.

*El autor es periodista. [email protected]

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