18 de febrero de 2026 - 00:00

André Maurois y el arte de pensar

Homenaje a un gran escritor francés y universal, André Maurois, reflexionando sobre una de sus obras "Un arte de vivir" (1939), pero poniendo especial énfasis en su primer capítulo: el arte de pensar.

El nueve de octubre de 1967, nos dejaba uno de los escritores franceses más importantes del siglo XX, cuya obra abarcó la novela, las biografías, los ensayos y la historia. Su nombre original era Émile Salomon Wilhelm Herzog. Su materia de reflexión no se detenía simplemente en los acontecimientos del presente en el que le tocó vivir, sino “en las imágenes de tierras lejanas, los acontecimientos antiguos y las conjeturas sobre un provenir imprevisible”, como expresa en uno de sus escritos. Entre sus obras más representativas se pueden citar los estudios y biografías de Shelley (1923), de Dickens (1927), de Byron (1930), de Chateaubriand (1938), entre otros grandes personajes, y algunas de sus novelas más conocidas: Climas (1928) y Tierra de Promisión (1946), así como una infinidad de ensayos de diversas temáticas y perspectivas.

En la presente nota, quisiéramos dedicarle algunas líneas de reflexión a su obra titulada Un arte de vivir de 1939. En dicha obra, el escritor francés nos habla del arte de vivir y lo divide en cinco capítulos: el arte de pensar, de amar, de trabajar, de mandar y de envejecer. Cada uno de ellos supone un estudio detallado y minucioso, lejos de nuestra pretensión. Solo quisiéramos detenernos en el primero de esos artes, que es el arte de pensar, porque realiza aportes muy importantes para nosotros, ciudadanos del siglo XXI.

Lo primero que debemos decir es que Maurois entiende el pensamiento como el esfuerzo que hace el hombre para adivinar o prever, combinando símbolos e imágenes, los efectos que producirán sus actos entre las cosas reales; por eso, el pensamiento es un esquicio de acción. Ahora bien, se pregunta: ¿Qué es pensar bien? ¿Es posible dibujar un mapa verdadero del universo, navegar, siguiendo este mapa, hacia fines definidos y alcanzar el puerto elegido?, en definitiva ¿Qué es el arte de pensar?

El autor, partiendo de la realidad, comienza por el pensar inmediato, experiencial, que él mismo denomina “pensar con el cuerpo”, que no es un razonamiento conceptual o científico, sino algo intuitivo que todos los seres humanos, al emprender algo, lo ponemos en funcionamiento, sea en el deporte o en los ámbitos más existenciales, como en el amor. “Observad a los amantes que se reconcilian después de una pelea. No es una explicación verbal lo que apacigua su cólera. De improviso, un suspiro engendra una sonrisa, dos miradas se encuentran, dos cuerpos se aproximan.”

Ahora bien, este conocimiento experiencial intuitivo es un conocimiento vulgar o precientífico cuya radio de eficacia es menor y, dado que el pensamiento necesita buscar un ámbito mayor, este último resulta insuficiente. Aparece entonces la lógica, que nos permite seguir ciertas reglas como garantías de un razonamiento correcto, por lo menos desde el punto de vista formal. Entre esas reglas tenemos el conocido principio de no contradicción, que nos pone al descubierto ciertas fallas. Ahora bien, para el escritor francés, este sigue siendo insuficiente para constituir el arte de pensar, por la razón de que la lógica no puede crear nada; si añade algo, esto viene o de la experiencia o de la intuición o de otra disciplina, como serían en primer lugar la filosofía, la historia, la política, entre otras.

En el mismo sentido, considera insuficiente al método cartesiano, creado por Renato Descartes, en su famoso Discurso del Método. Afirma: “Este método ha dado resultados deslumbrantes en las matemáticas, la astronomía y en una parte de la física. Se nos presenta, no como inútil, pero si como insuficiente, cuando se ha querido aplicarlo a ciencias más complejas.”

El otro método que nombra es el experimental. Dicho método es una mezcla de lógica, observación y experimentación, cuyas conclusiones deben ser constantemente confrontadas con los hechos. El mismo ha dado avances notables sobre el mundo y la naturaleza. Entre otros, el percibir por la observación de los fenómenos que hay constantes a lo largo de la historia. “La ciencia experimental no supone más que una sola hipótesis metafísica, que es la de la constancia de las leyes de la naturaleza. Si no creyéramos que la naturaleza obedece a las leyes físicas, sería naturalmente inútil el observar los fenómenos.”

Ahora bien, el método experimental, a pesar de haber dado aportes significativos en los distintos órdenes científicos, ha producido pocos resultados felices en el dominio de la vida moral, política y social. Es decir, que, como el método cartesiano, el experimental tiene límites y resulta insuficiente para el arte de pensar. Entonces, queda todavía latente la pregunta: ¿qué es el arte de pensar para el autor francés?

Hay un viejo adagio o tópico latino que dice: “Aprender a escribir y hablar es aprender a pensar y aprender a articular pensamiento y vida”. Acá se puede observar el pensamiento de Maurois sobre el tema de manera sintética. El arte de pensar no consiste tanto en encontrar, como en poder apropiar, asimilar, hacer propia y existencial lo que se encuentra. Es decir, que una persona que sabe pensar es porque ha podido articular pensamiento y vida, logrando una unidad y una síntesis cuya coherencia se ve cuando habla, escribe o piensa. Afirma: “En el espíritu de un hombre culto, los hechos aislados se hallan organizados para formar un mundo viviente, imagen del mundo real.”

Para Maurois no hay separación o división entre el pensamiento y la acción, ya que el pensamiento se confunde con el acto y el acto se confunde con el pensamiento.

Esto no supone desdeñar todos los otros métodos y dejarlos de lado. Para nada, son pasos necesarios en el camino del arte de pensar. Empezando con el conocimiento experiencial de nuestras intuiciones, pasando por el pensamiento lógico formal y experimental hasta llegar a las grandes constantes que debemos aceptar, sin descuidar los aportes novedosos del desarrollo científico. Ahora bien, el arte de pensar estará justamente en lograr esa coherencia de pensamiento y vida. “Sólo la colaboración constante del razonamiento, de la experiencia y de la acción puede darnos, no ya una victoria permanente, porque eso no está en la naturaleza de las cosas, sino un momento de descanso y un alto feliz bajo uno de esos frágiles refugios que hemos llamado civilización”. Palabras profundas para seguir reflexionando sobre nuestra condición de seres humanos.

* El autor es docente Universitario UM – UNCuyo.

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