8 de mayo de 2016 - 00:00

Ofrendas de dos elementos

La artista plástica y cantautora Cristina Pérez presenta “Fuegoiagua”, un cd con letra y música propias inspirado en los recuerdos de sus viajes por las culturas originarias.

La cosmovisión ancestral y femenina de América Latina y el pensamiento mágico intrínseco en nuestra identidad se amalgaman en forma de ofrenda en las doce canciones de “Fuegoiagua”, el segundo álbum de Cristina Pérez. Ella lo  presentará en varias fechas a partir de hoy, primero como parte del calendario de actividades del festival “Cantar Opinando”, para multiplicarse luego en diferentes escenarios hasta el 21 de mayo.

Diseñado en un hábitat creativo que implicó la observación y la percepción de los innumerables viajes por las vértebras de la cordillera de Los Andes, el título sintetiza un principio embrionario: el de la paridad, ("el ayni, el equilibrio de dar y recibir", nos definiría Cristina) en el que canciones como “Canto de la Madre Tierra”, “La luna y el lucero” y “Canción de la mujer serpiente”, vibran con mayor lucidez.

En este corpus, fluyen otros temas como el dedicado a Violeta Parra, “Ay mi palomo” y otros con inspiración más espiritual como “Cantar al agua”, que para Cristina resumen al menos dos años de escritura e imaginación sonora.

“En esta travesía necesitaba fijar las melodías y que las letras adecuadas se acomodaran perfectamente en ellas”, describió la intérprete. “Los viajes influyeron y las canciones fueron de una inspiración ambulante y constante. Algunas de ellas surgieron de mis hallazgos en lugares sagrados de México en el que se entiende desde un punto de vista más profundo la femineidad”.

Una visión continental

Si bien es la voz el principal instrumento de la placa, la caja coplera, el charango, las quenas, la gaita, el sikus y el pututus, se orquestan con bajos, percusiones, trompeta, guitarra criolla, fluger e incluso bandoneón, tocados por diez sesionistas mendocinos con los que Pérez viene acompañándose musicalmente desde hace años, como Federico Schlüter, Bernardo Ríos, Gustavo Micieli, Raúl Rivero, Rubén Martínez, Gabriel Vargas y más.

El álbum mismo parece un fuelle de sonidos: a veces soplan múltiples notas e instrumentos, y otras veces se desinfla a sólo voz y golpe de percusión, salpicando como el recorrido de un río, desde la gota a los rápidos.

Y aunque se reconoce la baguala, la copla andina e incluso la cumbia, no termina por envasarse por completo en un molde de géneros, sino que se recorre con un impulso de libertad expresiva anárquica y al mismo tiempo suena equilibrado en esa paridad de elementos contrapuestos, entre lo oscuro y lo brillante, lo frío y lo caluroso, como el mismo nombre del título de la placa.

“Pienso que eso de dar y recibir es un legado de cada vida”, amplió Cristina. “Como una ofrenda, cada objeto, cada obra de arte, cada música, se crea con la intención de dar, de devolver parte de lo que la vida te ofrece”.

El itinerario de “Fuegoiagua” recorrerá al menos otras cuatro tablas: el 13 de mayo en Los Dos Amigos ; el 14 en la “Peña de la esquina”, en Guaymallén y el 20, se presentará en El Living, de Godoy Cruz.

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