El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el candidato republicano, Mitt Romney, se enfrentarán hoy en un segundo debate considerado crucial para las aspiraciones de ambos en los comicios del 6 de noviembre.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el candidato republicano, Mitt Romney, se enfrentarán hoy en un segundo debate considerado crucial para las aspiraciones de ambos en los comicios del 6 de noviembre.
Luego del fracaso en el primer duelo televisado, Obama tiene la obligación de imponerse en la discusión que se celebrará en la Universidad de Hofstra, estado de Nueva York, si quiere mantenerse en la Casa Blanca.
Los analistas coinciden en que si el mandatario vuelve a perder frente a su oponente sería difícil que se pudiera recuperarse en el tercer y último debate, programado para una semana después, y se agigantaría el riesgo de no ganar la reelección.
La mayoría de las encuestas dan a Romney una leve ventaja por encima de Obama, mientras que en los sondeos realizados entre los que adelantaron sus votos el presidente le saca varios cuerpos al candidato republicano, quien ha logrado contentar a la ultraderecha de su partido a riesgo de perder a los sectores menos radicalizados.
Concretamente, el sitio Realclearpolitics hizo un promedio nacional de las encuestas más destacadas y concluyó que Romney estaría adelante con un 47,3% de las preferencias de los votantes, frente a un 45,9% de Obama.
Debido a lo cerradas que se presentan las elecciones del 6 de noviembre, ambos candidatos se han estado preparando para responder a los dos grandes problemas que preocupan a sus votantes: el alto desempleo y la mala situación económica. Noticias como la baja de la tasa de personas sin trabajo, anunciada la semana pasada, obviamente favorecen al presidente, así como los continuos cambios de posiciones de Romney, quien recientemente dejó de ser un tenaz opositor al aborto al anunciar que apoyaría las leyes vigentes sobre ese tema.
Pero aún así no será fácil para Obama dar vuelta la imagen de su primer debate cuando se mostró desganado y no logró imponer su argumentación, según la mayoría de los analistas.