Noelia Torres: “Convertirme en enóloga fue algo que se dio naturalmente”

Es de las pocas técnicas que tiene a cargo una bodega con menos de 40 años. Trabajaba en Viña Cobos y ahora es la winemaker de Ruca Malén.

Noelia Torres (38) bromea con que su paso de bodega Viña Cobos, donde trabajó durante 15 años, a Ruca Malén, fue un cruce de cerca. Es que ambas se encuentran sobre la ruta 7 y son propiedades cercanas, pero, además, forman parte del grupo Molinos Río de la Plata. La joven enóloga se sintió tentada por la consigna de "espíritu inquieto" con la que Ruca Malén decidió emprender una nueva etapa y aspira a hacer innovaciones sin alejarse del estilo que lleva a sus consumidores a elegirla.

 

-¿Cómo decidió pasar a Ruca Malén después de 15 años en Viña Cobos?

-Fue un cambio y no tanto. Las dos bodegas son del mismo grupo pero las direcciones totalmente diferentes. Molinos Río de la Plata compró el 50% de Viña Cobos hace dos años y a partir de ahí, empecé a trabajar con el equipo de Molinos en mercado interno, la parte comercial, marketing. Comencé a viajar a Buenos Aires y ahí los conocí. Cuando Pablo Cúneo (anterior enólogo principal de Ruca Malén) decide irse a Luigi Bosca, empezaron la búsqueda y me llamaron.

Me explicaron que, con los 20 años de Ruca Malén, estaban haciendo un refresh de la marca, buscando esto del espíritu inquieto, y la verdad es que el desafío me encantó, después de tantos años en una misma empresa. Porque yo trabajaba en Viña Cobos desde antes de recibirme, cuando empezaba la bodega y no era casi conocida. Y me pareció bueno estar prácticamente sola, que toda la responsabilidad sea mía.

-Además, fue una invitación a innovar...

-Sí, a hacer la bodega joven del grupo, porque más allá de que estamos dentro de un grupo, somos una empresa aparte, que tiene su propio estilo. Y sigue siendo una bodega chica, boutique. Mantiene mucho del estilo inicial de Jean Pierre Thibaud.

-Desde que se sumó, ¿qué cambios ha podido implementar?

- Hemos tratado de cambiar un poco la cosecha, ir hacia el estilo que a mí me gusta del punto de cosecha y buscar las zonas más adecuadas. Pero no podíamos cambiar demasiado, porque yo entré a Ruca Malén en diciembre y mucho ya estaba definido. También fuimos viendo el tiempo en barrica, si cada línea lleva o no barrica.

La idea era ir haciendo pequeños cambios, pero seguir el mismo estilo, porque no se puede hacer algo tan rotundo ya que la bodega tiene un estilo y un público. Además, estamos buscando variedades nuevas. Siempre dije que me gustaría trabajar con semillón y lo conseguimos.

-¿Cuáles son los proyectos para la vendimia 2019?

-Estamos viendo si lanzamos un corte de variedades blancas y también tenemos un proyecto de un pinot noir. Queremos ver si, después de varios años, podemos volver a elaborar Don Raúl, porque las cosechas 2016 y 2017 fueron difíciles. (Nota: es el vino ícono de la bodega, un blend creado por Don Raúl de La Mota, padre de la enología argentina).

-¿Por qué decidió dedicarse a la enología?

-Vengo de una familia bastante afianzada en la industria y desde chica estuve metida en bodegas. Yo creo que fue natural, sobre todo porque fui al Liceo Agrícola y de ahí a la Facultad Don Bosco. O sea, soy enóloga del secundario y de la facultad. Mis tíos son enólogos, tengo primos y primas en la industria. Me acuerdo de ser chica y probar champán, espumantes. Era lo normal para nosotros probar vinos.

-También hizo prácticas en otras partes del mundo...

-Al estar tanto tiempo en Viña Cobos, hice seis temporadas en California (Estados Unidos), en diferentes momentos, y dos en Francia, en Cahors. Es una experiencia hermosa y recomendable para cualquier estudiante de enología o enólogo, porque es ver otras metodologías de trabajo, variedades, idiosincrasias. Culturalmente te ayuda a crecer y a abrir la cabeza. En Estados Unidos son muy organizados pero no saben salirse de esa organización. Nosotros al contrario, pero atamos con alambre y salimos adelante en cualquier situación. Y en Francia son estructurados, están muy afianzados en lo que es su denominación y no lo cambian. Te ayuda a ver que la historia sirve, se respeta, se cuida. Todo lo que vivís son experiencias que te nutren.

-El año pasado la eligieron como la segunda mejor enóloga sub 40 del país, ¿qué ofrece como oportunidad ese reconocimiento? ¿Significa una presión?

-No, presión no. Yo en eso soy bastante relajada. Fue muy lindo. La verdad es que no me lo esperaba. Participé porque la organizadora nos había invitado más de una vez. Estaba totalmente relajada y cuando, al momento de la premiación, me nombraron dije 'ah, yo' (ríe). Y era como una reunión de amigos, todos enólogos, probando vinos. Salir segunda entre 60 vinos tiene su plus, porque es como que el colega te está dando la mano y diciendo 'me gustó el vino que hiciste'.

-¿Cuesta mucho apostar por otras variedades, cuando se asocia a Mendoza con el malbec?

-Cuesta un poco. Más que nada porque en el exterior buscan el malbec, las exportaciones se basan en ese varietal. Pero hay que reconocer la calidad del cabernet argentino y de otras variedades. Y ahora está muy presente en la gente y en el público exterior que Argentina tiene buenos blends. Eso está buenísimo.

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Perfil

Noelia Torres nació en Godoy Cruz y ha vivido siempre entre este departamento y Rodeo del Medio (Maipú), de donde son oriundas su madre y su abuela. Es egresada del Liceo Agrícola y de la Facultad Don Bosco. También completó un posgrado en Gerenciamiento Estratégico Vitivinícola, en la Universidad Juan Agustín Maza.

Cuando todavía estaba estudiando, comenzó a trabajar en la bodega Viña Cobos y el año pasado le ofrecieron convertirse en la enóloga principal de Ruca Malén. Fue distinguida como segunda mejor enóloga sub 40 de Argentina en el WineMakerSub40 2017.

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