A un año de haberse iniciado, las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC han llegado más lejos que nunca, aunque los combates prosiguen y hay riesgos de cortocircuito con la campaña electoral que arrancará en pocas semanas.
A un año de haberse iniciado, las conversaciones de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC han llegado más lejos que nunca, aunque los combates prosiguen y hay riesgos de cortocircuito con la campaña electoral que arrancará en pocas semanas.
En contraste con los anteriores intentos de paz, terminados todos en fracaso, Colombia sueña esta vez con poner fin al más prolongado conflicto armado de América Latina, que en 50 años ha dejado cientos de miles de muertos.
Reunidos desde el 19 de noviembre de 2012 en Cuba, uno de los países garantes del proceso, las delegaciones del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, comunistas) han consensuado una reforma agraria y, más recientemente, la participación política de los guerrilleros que dejen las armas.
"Lo que se acaba de lograr no tiene precedentes en materia de procesos de paz en Colombia. Es la primera vez que se avanza tanto y eso es un esfuerzo muy loable y un paso importantísimo", señaló Sandra Borda, experta en relaciones internacionales de la Universidad de los Andes en Bogotá.
Sin embargo, el transcurso del diálogo es todo menos sereno. En el terreno militar, aunque las FARC cumplieron con una tregua unilateral de dos meses al inicio del proceso, los enfrentamientos armados se mantienen y el gobierno rechaza cualquier planteamiento de cese el fuego bilateral hasta que no se llegue a un acuerdo final.
Al menos 61 militares y 75 guerrilleros han muerto en combates a lo largo de este año, según cifras recabadas por la ONU.
Pero aparentemente estas estadísticas no hacen mella en las negociaciones. "Nunca se ha definido una línea roja que no se podría cruzar y que nos obligaría a suspender el diálogo", comentó un alto responsable gubernamental.