Un pareja canadiense decidió poner a la venta la isla privada de casi una hectárea que compró en Panamá tras concluir la edificación de su vivienda. Virginie Lévesque y Eric Thériault levantaron la propiedad con sus propias manos en el archipiélago de Bocas del Toro, pero resolvieron desprenderse del terreno por razones de salud y cercanía familiar.
La iniciativa comenzó en 2019 cuando la pareja se reencontró y Thériault propuso la idea de instalarse en las cercanías de la isla Popa. En marzo de 2020 iniciaron la búsqueda de propiedades en la zona y, durante la última jornada de recorrido, un capitán les mostró una porción de tierra rodeada por las aguas del Caribe. Adquirieron la parcela en julio de 2021, aunque los contratiempos logísticos y las restricciones sanitarias postergaron las tareas de construcción hasta inicios de 2025.
¿Cómo construyeron su propia casa en la isla?
Durante las obras, la pareja vivió en carpas dentro del predio y trasladó materiales en embarcaciones atravesando mareas y clima adverso. Sobre este proceso, Lévesque admitió que "acampar fue divertido al principio, pero después de unas semanas se vuelve menos encantador". Con ayuda ocasional, levantaron una estructura sobre pilotes equipada con cocina abierta, baño, espacio técnico y un dormitorio en el altillo. La casa opera de forma autónoma mediante energía solar, tanque séptico, generador y recolección de agua pluvial.
A los servicios básicos autogestionados le sumaron la conectividad satelital mediante Starlink. Transcurrieron unos cuatro años entre la adquisición inicial de la propiedad y el momento en que se instalaron en la vivienda terminada. Al evaluar el esfuerzo invertido en el Caribe, Lévesque destacó que "todos los materiales y provisiones debían traerse en barco", aunque sostuvieron el avance gracias a la perseverancia diaria.
¿Por qué decidieron vender la isla en Bocas del Toro?
A pesar de haber completado el proyecto, los propietarios optaron por vender para priorizar su salud y la libertad de desplazarse hacia donde están sus allegados. La fundadora explicó la decisión al señalar que "en lugar de pedirles a ellos que vengan a nosotros, queremos tener la libertad de ir nosotros hacia ellos y ayudarlos cuando lo necesiten". El valor comercial de la propiedad se mantiene en reserva.
Los dueños buscan un comprador interesado en desarrollar la isla con responsabilidad ecológica, sea como refugio particular o con fines turísticos. Al reflexionar sobre la experiencia, Lévesque concluyó que "para nosotros, la isla representa más que un terreno; es sobre posibilidad, libertad y vivir una vida con la que la mayoría de la gente solo sueña".