En 2021, Tyler Chambers, de 59 años, compró junto con su esposa, Wendy, una propiedad de 66 acres (unas 26,7 hectáreas) en una zona rural del condado de Chelan, Washington. A primera vista, el terreno reunía las condiciones necesarias para convertirse en el hogar que la pareja había imaginado.
Chambers, propietario de una pequeña empresa y proveniente de una familia de agricultores, tenía un proyecto ambicioso pero sencillo: construir una casa para su familia, levantar un galpón y plantar algunos acres de árboles frutales.
Pero el proyecto terminó convirtiéndose en una sucesión de trámites, estudios y requisitos regulatorios que, según su relato, se prolongó durante años.
Cinco años y casi 300.000 dólares en estudios
Antes de comenzar las obras, Chambers acudió a la oficina de planificación del condado y contrató distintos profesionales para cumplir con los requisitos solicitados.
Pagó estudios geotécnicos, análisis de suelo, trabajos de agrimensura y evaluaciones ambientales y de vida silvestre. Según el relato publicado por AgWeb, el gasto acumulado llegó a casi 300.000 dólares.
Sin embargo, completar un requisito no significaba que el proceso estuviera terminado.
A medida que avanzaba el proyecto aparecían nuevas exigencias: evaluaciones de aguas pluviales, estudios sobre búhos manchados y águilas reales, análisis relacionados con ciervos y la vegetación de la estepa arbustiva, además de nuevos informes geotécnicos y de erosión.
Chambers sostiene que llegó un punto en el que ya no podía comprender por qué se necesitaban determinados estudios para construir una única vivienda.
Una orden de paralización complicó todavía más el proyecto
Cuando comenzó a preparar el terreno en 2021, Chambers creía que contaba con autorización del condado. Sin embargo, algunos vecinos presentaron quejas relacionadas con los movimientos de tierra.
El condado inició una investigación y, según el relato del propietario, un funcionario de cumplimiento autorizó que los trabajos continuaran. Poco después se produjo un cambio en la administración: el Director de Desarrollo Comunitario fue reemplazado y posteriormente llegó una orden de paralización de las obras.
A partir de entonces, el proceso se volvió todavía más complejo.
La familia tuvo que afrontar nuevos estudios y contratar especialistas para responder a las exigencias de las autoridades. Chambers relató que uno de los expertos geotécnicos incluso viajó durante varias horas desde Seattle para realizar perforaciones en el terreno.
“Al principio, creíamos ingenuamente que si seguíamos las reglas, todo estaría bien. Estábamos equivocados”, afirmó Chambers.