10 de septiembre de 2026 - 10:25

Un ingeniero guardó 2.200 computadoras en un granero durante 23 años y ganó miles de euros

El ingeniero estadounidense compró los equipos NABU en los años 80 para crear una red telefónica y tras dejar eBay abrió su sitio web para vender el stock.

El lugar de almacenamiento permaneció intacto hasta que el inmueble comenzó a registrar serios problemas estructurales. Ante el pedido del propietario del depósito para despejar el lugar, Pellegrini decidió desempolvar los equipos y probar suerte en las subastas electrónicas de eBay. Comenzó vendiendo cada lote a 20 dólares, pero la alta demanda de aficionados a la informática antigua lo llevó a elevar progresivamente el valor a 60 y luego a 100 dólares, alcanzando una facturación total superior a los 45.000 euros.

El salto a la tienda propia y el valor del coleccionismo

Sin embargo, tras más de un año comercializando en esa plataforma, el ingeniero interrumpió sus publicaciones sin agotar el inventario. Aunque declinó brindar precisiones oficiales sobre su salida, la estrategia comercial apuntó a evitar las comisiones intermedias. Pellegrini lanzó su propia plataforma de comercio electrónico llamada PellMill, orientada a la venta de reproductores de streaming 4K, donde mantiene a la venta el stock remanente de los ordenadores NABU en conjuntos con teclado por un valor de 400 dólares.

Qué eran las computadoras NABU y por qué fracasaron

Los equipos NABU (Natural Access to Bidirectional Utility) fueron diseñados a mediados de la década de 1980 por una empresa canadiense con la meta vanguardista de proveer conexión a red en los hogares mediante la infraestructura de la televisión por cable. Estas unidades contaban con un procesador Zilog Z80 a 3,58 MHz, 64 kilobytes de memoria RAM y componentes gráficos de Texas Instruments, especificaciones que resultaban modestas para su época.

El concepto adelantado a su tiempo no logró consolidarse comercialmente y la firma fabricante terminó en la quiebra, dejando miles de terminales varadas sin comercializar. Fue así como Pellegrini adquirió el lote a un precio insignificante hace más de treinta años, sin presagiar que una falla estructural en el viejo depósito transformaría aquel lote de chatarra en una codiciada reliquia para los coleccionistas de la historia tecnológica.

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