Anton Freyr Birgisson está acostumbrado a encontrarse con animales salvajes en algunos de los paisajes más aislados de Islandia. Trabaja como fotógrafo de naturaleza y guía de expediciones, pero una experiencia reciente consiguió sorprenderlo incluso después de años recorriendo ese territorio.
Había localizado una manada de aproximadamente 400 renos salvajes en el norte de Islandia y se desplazaba manteniendo suficiente distancia para poder fotografiarlos sin alterar su comportamiento.
Entonces ocurrió algo que no formaba parte del plan: los animales se asustaron por una causa que él no pudo identificar y comenzaron a correr hacia donde estaba parado.
Se escondió para evitar asustar todavía más a la manada
Birgisson podía intentar apartarse, pero cualquier movimiento brusco podía influir sobre cientos de animales que ya estaban alterados.
Su solución fue refugiarse detrás de una roca y quedarse completamente quieto.
“De repente se asustaron por algo y vinieron corriendo hacia mí”, explicó posteriormente a The Dodo. El fotógrafo contó que eligió ocultarse porque no quería provocar una segunda reacción en la manada. El grupo terminó llegando muchísimo más cerca de lo esperado.
Aunque Birgisson había observado renos a corta distancia desde vehículos y motos de nieve, nunca había vivido una situación semejante estando a pie.
Uno de los renos llegó incluso a acercarse para olerlo
Cuando dejaron de correr, el comportamiento cambió por completo. Los animales comenzaron a pastar tranquilamente alrededor de la zona donde el fotógrafo permanecía inmóvil.
Uno de los terneros se acercó lo suficiente como para olerlo, aunque Birgisson consideró que la manada sabía que había alguien allí.
En lugar de una escena de pánico, los siguientes minutos fueron sorprendentemente tranquilos.
El fotógrafo describió a los animales como “increíblemente calmos y majestuosos” y consideró aquel encuentro su mejor momento en la naturaleza de todo el año.
Permanecieron junto a él durante unos 20 minutos
La situación no duró apenas unos segundos. Durante aproximadamente 20 minutos, los renos continuaron pastando cerca de Birgisson, que siguió evitando movimientos capaces de molestarlos. Finalmente, la manada volvió a desplazarse y continuó su recorrido por el paisaje islandés.
El encuentro muestra también una de las reglas centrales de la fotografía de fauna: que un animal se acerque no significa que una persona deba hacer lo mismo. Mantener distancia y evitar intervenir en su comportamiento sigue siendo la opción más segura para ambas partes.