Harris, un chico de 12 años de Nueva Escocia, Canadá, llegó junto con su mamá a un refugio de la Nova Scotia SPCA buscando un gatito que había visto publicado en internet. Cuando entraron, recibieron una mala noticia para sus planes iniciales: otra familia ya lo había adoptado.
Decidieron igualmente recorrer el lugar y mirar a los demás gatos disponibles. Allí apareció Pirate, un animal adulto de aproximadamente seis años que tenía un solo ojo, dientes dañados y una historia de vida como callejero.
Pirate saltó a sus brazos y lo rodeó con las patas
El gato había llegado al refugio en muy malas condiciones. Una persona lo encontró vagando por la calle cubierto de pulgas, con dientes astillados y sin su ojo derecho.
Necesitó atención veterinaria y permaneció durante 44 días recuperándose antes de quedar disponible para adopción.
Cuando Harris abrió la puerta de su espacio, ocurrió algo que su mamá, Janet, todavía recordaba con precisión.
Pirate saltó inmediatamente a sus brazos, rodeó el cuello del chico con sus grandes patas y se quedó abrazado a él.
No parecía interesado en mantener distancia de un desconocido: buscaba contacto después de semanas de recuperación. El encuentro contrastaba además con la experiencia anterior de Harris.
El chico acababa de perder a otro gato
Harris había convivido con Spice, una gata que su familia había recogido después de mudarse a Nueva Escocia en 2016.
Spice era mucho más independiente y no disfrutaba especialmente que la levantaran o acariciaran. Cuando murió, Harris quedó afectado y empezó a pedir otro gato.
Pirate era prácticamente lo opuesto: un animal adulto que buscaba brazos, regazo y atención constante.
La familia siguió recorriendo el refugio y llegó casi hasta la salida, pero Harris pidió volver para conocer mejor la historia de aquel gato que acababa de abrazarlo.
Volvieron al día siguiente y lo adoptaron
Después de averiguar por su pasado, la familia tomó la decisión. Al día siguiente regresaron al refugio y Pirate salió definitivamente con ellos.
Janet llegó a plantear cambiarle el nombre para marcar el comienzo de una nueva vida, pero Harris prefirió conservar el que ya tenía.
Los primeros días requirieron adaptación. Pirate permaneció inicialmente en el dormitorio del chico para acostumbrarse de manera gradual a los olores y evitar un encuentro brusco con los dos perros que ya vivían en la casa.
Al tercer día, según contó la familia, ya actuaba como un integrante más. Incluso comenzó a jugar con Milo, otro gato joven, pese a que al principio los juguetes parecían resultarle completamente desconocidos.
Perder un ojo tampoco le impidió correr, jugar ni subirse a los muebles, aunque ocasionalmente chocaba con algún objeto.