Un seguimiento de casi cinco años a las etnias tsimané y mosetén en la Amazonia boliviana reveló que la supuesta inmunidad de estas comunidades indígenas ante la demencia es una ilusión estadística. Aunque registran pocos casos activos, la posibilidad de desarrollar la enfermedad resulta similar a la del resto de la población mundial.
Las investigaciones previas destacaban que el estilo de vida basado en la caza, la pesca, la recolección y la elevada actividad física protegía el cerebro de estos pobladores. Sin embargo, el nuevo análisis del proyecto Tsimané Health and Life History Project demuestra que los diagnósticos no son inusuales, sino que los afectados sobreviven muy poco tiempo tras el deterioro cognitivo.
Alta mortalidad temprana por falta de alimentos y medicinas
La explicación de las bajas cifras reside en la elevada mortalidad que sufren los pacientes en la selva. Geir Selbæk, profesor de la Universidad de Oslo y director de investigación en el Centro Nacional de Envejecimiento y Salud de Noruega, analizó el estudio y precisó que "el número de nuevos casos de demencia fue solo un poco más bajo o aproximadamente al mismo nivel que el encontrado en otras poblaciones".
Para el especialista, la supervivencia acotada responde a factores estructurales del entorno. En estas comunidades, la supervivencia familiar depende del aporte diario en la agricultura, la pesca y la caza. "Una posible causa de la alta mortalidad entre estos pueblos indígenas es que reciben menos acceso a la nutrición cuando ya no pueden contribuir a la recolección diaria de alimentos", señaló Selbæk.
Infecciones no tratadas y dificultades en el diagnóstico
A la vulnerabilidad nutricional se suma la escasez de atención médica. Los enfermos padecen patologías asociadas, principalmente infecciones severas, que se agravan rápidamente por la falta de antibióticos y vacunas. En países desarrollados estas complicaciones reciben tratamiento oportuno, mientras que en la cuenca amazónica derivan en desenlaces fatales en plazos breves.
Asimismo, evaluar la capacidad cognitiva en poblaciones con altos índices de analfabetismo entraña severas dificultades metodológicas. La baja cantidad de enfermos identificados en los relevamientos deriva de la veloz mortalidad de los afectados y de las complejidades del diagnóstico en terreno, lo que desmitifica la idea de que la vida silvestre prevenga el alzheimer.