Tras separarse de Dolores Barreiro en 2019 luego de 22 años de matrimonio, Matías Camisani, padre de 5 hijos, decidió redefinir su rutina cotidiana. Dibujó en una servilleta de papel las dos plantas del hogar que imaginaba, buscando un espacio práctico, rodeado de naturaleza y adaptado a sus pasiones musicales y espirituales.
La construcción, realizada por un amigo especialista en cabañas, demoró solo tres meses y medio. En febrero de 2020, justo antes del aislamiento por la pandemia, se instaló en un terreno en Maschwitz rodeado de calles de tierra, animales y vegetación, dejando atrás las residencias de gran escala por un inmueble más manejable.
Arquitectura de madera, mística oriental y acústica para la música
La elección de la madera responde a una razón funcional y acústica: la resonancia natural del material convierte la sala principal en un estudio de ensayo ideal para sus instrumentos, reemplazando el living tradicional. Asimismo, el formato compacto fue concebido para cerrar la vivienda por largos períodos sin mantenimiento complejo mientras lidera contingentes turísticos y de meditación a la India.
El interior refleja su impronta espiritual e itinerante. Conviven allí estatuas de Buda y Ganesha, banderines tibetanos en las ventanas, guitarras, fotografías de sus cinco hijos y libros de gastronomía. En ese entorno, Camisani hornea su propio pan, prepara café turco y proyecta sus emprendimientos musicales y textiles.
La reinvención cotidiana tras la separación
Aceptando los cambios familiares y el crecimiento de sus hijos, el exmodelo reorganizó su vida entre la enseñanza de guitarra, la producción artística y su noviazgo con la arquitecta Belén Marasco. Lejos del circuito de la moda, prioriza un entorno tranquilo donde las caminatas al supermercado y las rutinas al aire libre reemplazaron la meditación en templos.