El pueblo abandonado de Salto de Castro, en la provincia española de Zamora, tiene un nuevo propietario tras casi cuatro décadas de silencio. El estadounidense Jason Lee Beckwith adquirió la totalidad de la localidad por 310.000 euros para transformarla en un ambicioso complejo residencial y turístico.
Construido originalmente en 1946, el asentamiento albergó a los obreros de la empresa Iberduero, hoy conocida como Iberdrola, durante las complejas obras de construcción de la presa de Castro. Sin embargo, tras la partida definitiva de los últimos habitantes y de la Guardia Civil en 1989, la zona quedó deshabitada y sufrió graves daños estructurales causados por el paso del tiempo y el vandalismo continuo.
¿Cómo será el resort de 7 millones de dólares en el pueblo abandonado?
El plan de Beckwith contempla la renovación de las 44 viviendas del pueblo, la antigua escuela, la iglesia, el bar y el viejo puesto de control policial. En una primera fase, el nuevo dueño prevé habilitar un hotel o albergue para huéspedes, un restaurante, una piscina, áreas recreativas y un centro de recepción, reservando el templo religioso para acoger diversos eventos sociales.
La inversión global estimada para materializar este complejo turístico se sitúa entre cuatro y siete millones de dólares. Para financiar la obra en la frontera con Portugal, el propietario de origen norteamericano busca de forma activa captar el interés de fondos de inversión extranjeros, además de gestionar subvenciones directas por parte de la administración española y fondos de cohesión específicos de la Unión Europea.
¿Qué opina la comunidad local sobre el proyecto del pueblo abandonado?
El proyecto ha generado posturas encontradas entre la comunidad local de Zamora. Por un lado, tanto el alcalde como los antiguos residentes de la comarca ven con optimismo esta inyección económica como una oportunidad única para la revitalización demográfica. Por el otro, diversas organizaciones ecologistas alertan sobre el impacto inmediato que las obras tendrán en el ecosistema circundante.
Este sensible entorno natural de Arribes del Duero cuenta con una alta protección medioambiental de la UNESCO y forma parte de la red de conservación de biodiversidad Natura 2000. La viabilidad del desarrollo turístico de Salto de Castro dependerá de lograr un equilibrio estricto entre el crecimiento comercial, la rentabilidad financiera y la preservación de este valioso y frágil paisaje.