13 de septiembre de 2026 - 15:06

Nueva York vertió su basura en un parque durante más de medio siglo, creando un vertedero de 2200 hectáreas casi tres veces más grande que Central Park

El antiguo basurero de Fresh Kills vende el metano de sus residuos para calefacción y alberga aves amenazadas que regresaron solas.

Durante 53 años, la ciudad de Nueva York depositó 150 millones de toneladas de desechos en Fresh Kills, un terreno de humedales en Staten Island que terminó albergando cuatro montañas de basura. Lo que comenzó como una medida temporal en 1948 se transformó en el vertedero más grande del mundo, reconfigurando por completo el paisaje urbano.

En su punto crítico entre 1986 y 1987, el sitio recibía hasta 29.000 toneladas diarias de residuos. Tras su cierre en 2001, las autoridades iniciaron la transformación de las 2.200 hectáreas en un parque público cuya finalización completa está prevista para 2036.

Cómo funciona el sellado y el uso energético de los residuos

Para evitar la contaminación del entorno, los ingenieros colocaron un sello multicapa sobre la basura. La estructura combina suelo graduado, ventilación de gas, una membrana impermeable, drenaje y más de 75 centímetros de tierra fértil. Las raíces de la vegetación realizan un trabajo estructural al fijar esta cubierta contra la erosión.

En el interior, la descomposición biológica de los desechos orgánicos genera gas metano. En lugar de quemarlo, un sistema extrae diariamente tres millones de pies cúbicos de gas y procesa la mitad como metano puro, vendiéndolo a la red local para cocinar y calentar hogares.

Recuperación biológica y monitoreo a largo plazo

La siembra de especies nativas creó un ecosistema de pastizales templados escaso en la región. En 2020, investigadores hallaron nidos de chochín sabanero, una especie amenazada que no criaba en la ciudad desde 1960. Otras aves de pastizal también se establecieron espontáneamente en las colinas.

El predio albergó además un sector reservado de 48 acres donde se depositaron 1,4 millones de toneladas de escombros del 11 de septiembre. Aunque desde 2023 operan senderos y miradores solares, la ciudad mantiene 238 pozos de control de agua subterránea y programa el desmalezado otoñal para proteger la fauna.

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