17 de septiembre de 2026 - 21:05

Hace 200 años plantaron un árbol para salvar ríos: hoy es una plaga imposible de controlar en Estados Unidos

Un árbol llegó para combatir la erosión y dar sombra, pero su resistencia y capacidad de reproducción terminaron convirtiéndolo en una especie invasora.

A mediados del siglo XIX, Estados Unidos utilizó al tamarisco para combatir la erosión, proporcionar sombra y crear barreras contra el viento. La decisión buscaba aprovechar las características de un árbol resistente en ambientes difíciles. Sin embargo, para 1870 ya existían señales de que podía establecerse por su cuenta y extenderse fuera de las zonas donde había sido plantado.

Décadas después, aquella ventaja se convirtió en un problema de otra escala. Entre 1935 y 1955 su expansión se aceleró, hasta ocupar extensas riberas y humedales. Su tolerancia a condiciones extremas y la aparición de poblaciones híbridas contribuyeron a una invasión que llegó a superar las 600.000 hectáreas y que incluso motivó el uso de insectos para intentar reducirla.

Puede soportar sequías, inundaciones, temperaturas extremas y suelos con elevada salinidad, además de reproducirse y colonizar ambientes ribereños.

Puede soportar sequías, inundaciones, temperaturas extremas y suelos con elevada salinidad, además de reproducirse y colonizar ambientes ribereños.

Por qué Estados Unidos comenzó a plantar tamariscos en el siglo XIX

El tamarisco no fue introducido inicialmente como una amenaza para los ecosistemas.

Desde mediados del siglo XIX comenzó a comercializarse y plantarse con diferentes objetivos prácticos. Se utilizaba para combatir la erosión, proporcionar sombra y funcionar como barrera contra el viento.

Su resistencia representaba una ventaja evidente

El árbol podía establecerse en lugares sometidos a condiciones que resultaban difíciles para otras especies, una característica especialmente útil en determinadas zonas áridas y próximas a cursos de agua.

Pero esa capacidad de supervivencia también permitió que dejara de depender de la intervención humana.

Para 1870 ya se había observado que podía establecerse por sí mismo en territorio estadounidense.

Cómo pasó de proteger las riberas a convertirse en una especie invasora

El cambio no ocurrió inmediatamente después de su introducción.

La expansión del tamarisco se volvió especialmente intensa entre 1935 y 1955, cuando comenzó a extenderse rápidamente por ambientes ribereños.

Una combinación de características favoreció ese avance

  • El árbol posee raíces profundas y puede tolerar calor, frío, inundaciones, sequías y terrenos salinos. Esa flexibilidad le permite sobrevivir en condiciones donde otras plantas encuentran mayores dificultades.
  • Además, su facilidad para reproducirse favoreció la colonización de nuevos espacios.
  • Con el paso de las décadas, el árbol terminó ocupando riberas y humedales muy lejos de aquellos lugares donde originalmente había sido utilizado con fines de protección.
La desaparición o reducción del tamarisco no garantiza que las plantas nativas regresen espontáneamente a los espacios liberados.

La desaparición o reducción del tamarisco no garantiza que las plantas nativas regresen espontáneamente a los espacios liberados.

Qué descubrieron los científicos al analizar el ADN de los tamariscos

La genética proporcionó otra pista para comprender el éxito de la invasión.

En 2002, los investigadores John F. Gaskin y Barbara A. Schaal analizaron el ADN de 269 ejemplares de tamarisco presentes en Estados Unidos.

  • El estudio identificó la presencia de híbridos de Tamarix chinensis y Tamarix ramosissima.
  • La combinación genética de ambas especies pudo contribuir a las características de las poblaciones que lograron extenderse por el territorio estadounidense.
  • El hallazgo resultó relevante porque mostraba que la invasión no podía entenderse únicamente a partir de los ejemplares originalmente introducidos: la hibridación también formaba parte de la historia de su expansión.

¿Cuánto territorio llegó a ocupar el tamarisco en Estados Unidos?

Para comienzos del siglo XXI, el problema ya había alcanzado una dimensión muy diferente a la de las primeras plantaciones del siglo XIX.

El tamarisco había pasado a dominar más de 600.000 hectáreas de riberas y humedales.

La cifra permite dimensionar el cambio producido en aproximadamente un siglo y medio: una planta introducida por sus características útiles consiguió establecer poblaciones extensas en ecosistemas acuáticos y ribereños.

La recuperación depende también de las condiciones ambientales y de cómo haya cambiado el ecosistema durante décadas.

La recuperación depende también de las condiciones ambientales y de cómo haya cambiado el ecosistema durante décadas.

Más de 150 años después de las primeras plantaciones, las cientos de miles de hectáreas ocupadas por tamariscos en Estados Unidos muestran cómo una característica inicialmente considerada beneficiosa (su extraordinaria capacidad para sobrevivir) también pudo impulsar su expansión.

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