31 de agosto de 2026 - 17:35

Estados Unidos halló 27.000 barriles en el fondo del mar en Los Ángeles: qué sustancia tóxica encontraron

Una investigación detectó sedimentos con un pH cercano a 12 alrededor de miles de objetos bajo el mar. Los efectos podrían persistir durante milenios.

A unos 900 metros de profundidad frente a Los Ángeles, científicos encontraron un escenario inesperado alrededor de antiguos barriles industriales. El sonar identificó cerca de 27.000 objetos compatibles con tambores y muchos aparecen rodeados por halos blancos. Los investigadores buscaban pistas relacionadas con el DDT, pero los análisis revelaron un problema químico diferente bajo el mar.

Las muestras tomadas dentro de esos círculos registraron un pH cercano a 12, frente al valor aproximado de 8,1 del agua oceánica. La elevada alcalinidad modificó los sedimentos y redujo la diversidad microbiana. El estudio, también permitió explicar cómo se formaron los llamativos halos y cuánto tiempo podrían permanecer allí.

Qué encontraron alrededor de los 27.000 barriles frente a Los Ángeles

El hallazgo forma parte de las investigaciones realizadas sobre antiguos sitios de vertido industrial ubicados frente a la costa del sur de California. Mediante estudios con sonar se identificaron aproximadamente 27.000 objetos con características compatibles con barriles entre más de 100.000 elementos detectados sobre el lecho marino.

La cifra exige una precisión importante

Los científicos no determinaron que los 27.000 objetos contengan la misma sustancia ni que todos sean barriles con residuos peligrosos. El sonar permitió reconocerlos por sus características, mientras que las muestras posteriores aportaron información sobre algunos de ellos.

  • Una de las señales más llamativas apareció alrededor de aproximadamente un tercio de los objetos observados en imágenes: círculos blancos sobre el sedimento.
  • Cuando los investigadores analizaron el agua contenida entre los poros del sedimento dentro de esos halos, encontraron valores de pH cercanos a 12. Como referencia, el agua oceánica superficial suele registrar un pH cercano a 8,1.
  • La diferencia representa un ambiente extremadamente alcalino para organismos adaptados a las condiciones habituales del fondo marino.
  • Los análisis también permitieron identificar brucita, un mineral compuesto por hidróxido de magnesio. Su presencia aportó una pista para reconstruir el proceso químico ocurrido alrededor de los tambores.

Los residuos alcalinos liberados entran en contacto con el magnesio presente en el agua marina. Como resultado, precipita brucita y el sedimento termina endurecido en una estructura parecida a una costra.

Por qué los científicos buscaban DDT y terminaron encontrando otro problema

El equipo estudiaba una zona conocida por su relación histórica con residuos industriales y DDT, un insecticida utilizado ampliamente durante buena parte del siglo XX.

  • Las concentraciones de DDT y sus productos de degradación aparecieron distribuidas en la cuenca. El estudio registró un promedio aproximado de 233 nanogramos por gramo de sedimento seco, con algunos valores superiores a 1.400.
  • Sin embargo, surgió una diferencia clave: la cantidad de DDT encontrada no guardaba una relación clara con la distancia respecto de los barriles estudiados.
  • Johanna Gutleben, investigadora de Scripps Institution of Oceanography y líder del trabajo, explicó que los residuos ácidos asociados con la fabricación de DDT fueron vertidos directamente al océano, en lugar de almacenarse necesariamente dentro de esos tambores.
  • La señal de alta alcalinidad presentaba otro patrón. Aparecía concentrada alrededor de determinados objetos y coincidía con la formación de los halos.

Los cambios también alcanzaron a los microorganismos presentes en los sedimentos. Las comunidades bacterianas habituales del fondo marino mostraron una reducción marcada de diversidad dentro de las áreas afectadas.

Cuánto tiempo permanecerán los efectos de los residuos en el fondo del océano

Los vertidos industriales frente al sur de California se remontan varias décadas. Catorce zonas recibieron residuos desde la década de 1930 hasta la prohibición estadounidense del vertido oceánico de este tipo de materiales en 1972.

Más de medio siglo después, los procesos químicos asociados con algunos de aquellos residuos continúan activos.

Los investigadores estimaron las tasas de disolución de la brucita y llegaron a una cifra que muestra la duración del problema: los efectos podrían necesitar varios miles de años para desaparecer por completo.

La química continúa modificando pequeñas áreas del lecho marino y los cálculos indican que esa transformación podría prolongarse durante milenios.

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