Un vuelo de la compañía Ryanair que cubría una ruta entre Escocia y España se convirtió en el escenario de un violento altercado el pasado 16 de junio, donde un pasajero borracho terminó detenido tras enfrentarse físicamente a agentes de la policía.
El violento episodio reavivó el debate sobre el consumo de alcohol en los aeropuertos y las peticiones de las aerolíneas para limitar la venta de bebidas.
Un vuelo de la compañía Ryanair que cubría una ruta entre Escocia y España se convirtió en el escenario de un violento altercado el pasado 16 de junio, donde un pasajero borracho terminó detenido tras enfrentarse físicamente a agentes de la policía.
Según indicaron, el conflicto comenzó poco después del despegue, cuando el hombre y su pareja iniciaron una fuerte discusión. Aunque la tripulación logró contener la situación durante el trayecto, el ambiente se tornó crítico al aterrizar en Palma de Mallorca.
Uno de los pasajeros que registró los hechos con su teléfono, relató que la pareja volvió a alterarse al enterarse de que serían detenidos al llegar a destino.
Las imágenes difundidas muestran a tres agentes de la Guardia Civil intentando inmovilizar al hombre en su asiento. En un momento de máxima tensión, el pasajero lanzó un golpe contra uno de los uniformados, quien respondió tirándolo al suelo para reducirlo. Finalmente, el hombre fue retirado a la fuerza y puesto bajo custodia policial.
Este suceso ha vuelto a poner el foco en la problemática de los pasajeros disruptivos. Michael O’Leary, director ejecutivo de Ryanair, ha manifestado recientemente que la aerolínea se ve obligada a desviar casi un vuelo diario debido a incidentes relacionados con el consumo excesivo de alcohol.
O’Leary ha solicitado formalmente a los aeropuertos que restrinjan la venta de bebidas alcohólicas, especialmente antes de los vuelos matutinos, y propone un límite de dos bebidas por persona controlado mediante la tarjeta de embarque.
"No logro comprender por qué alguien está sirviendo alcohol a las cinco o seis de la mañana", afirmó el ejecutivo, señalando que mientras las aerolíneas actúan con responsabilidad, los aeropuertos priorizan sus ganancias con estas ventas.
Como medida disuasoria, Ryanair recordó que desde el año pasado aplica multas de aproximadamente 569 dólares a aquellos viajeros cuya conducta indebida resulte en su expulsión de un vuelo.