En abril de 1984, la NASA lanzó 12,5 millones de semillas de tomate al espacio como parte del proyecto SEEDS, diseñado para conectar la exploración orbital con la enseñanza escolar. La travesía debía durar un año, pero la suspensión de los vuelos tras la tragedia del transbordador Challenger prolongó su permanencia en órbita hasta 1990.
El material vegetal viajó guardado en contenedores sellados sobre la estructura orbital LDEF (Long Duration Exposure Facility) sin recibir cultivo ni germinación en el espacio. Tras recuperar la plataforma a bordo del transbordador Columbia en enero de 1990, la agencia espacial distribuyó las muestras a instituciones educativas para iniciar las pruebas en tierra.
¿Cómo se distribuyeron las semillas espaciales entre las escuelas?
El programa alcanzó a unos 3,3 millones de estudiantes mediante el envío de más de 132 mil kits repartidos a 64 mil docentes de 40 mil escuelas en Estados Unidos y otros 30 países. Cada paquete incluía semillas enviadas al espacio y muestras de control conservadas en la Tierra para comparar la germinación, la altura de los brotes y la floración.
Los alumnos registraron las observaciones en formularios específicos y enviaron casi 8 mil informes finales a la agencia. El objetivo educativo principal apuntaba a investigar una hipótesis abierta sobre la viabilidad biológica tras una exposición prolongada a la radiación y la microgravedad.
¿Cuál fue el resultado inesperado de las semillas de tomate?
Los datos recopilados mostraron que las semillas espaciales germinaron ligeramente más rápido y presentaron un crecimiento inicial acelerado durante las primeras tres a cuatro semanas. Sin embargo, a medida que avanzó el desarrollo de las plantas, el grupo terrestre igualó el ritmo y no se identificaron diferencias generales en las plantas maduras ni en sus frutos.
Asimismo, el informe de la NASA registró que variables como la falta de luz, el exceso de agua y los daños de manipulación incidieron en algunos cultivos. El valor científico de la experiencia consistió en evaluar una pregunta sin respuesta previa, demostrando que investigar implica "reconocer cuando los datos no sustentan la conclusión esperada".