La Amazonía peruana fue escenario de una prueba singular de restauración ambiental: un dron lanzó miles de pequeñas bolas cargadas de semillas sobre un terreno que había quedado degradado por la extracción de oro. El operativo se completó en apenas una hora y media, pero el resultado definitivo depende de un proceso mucho más largo.
La experiencia se desarrolló en un área próxima a Puerto Maldonado, según un informe difundido por el programa Spinoff de la NASA.
Voluntarios del Ejército peruano y del Centro de Innovación Científica Amazónica de la Universidad Wake Forest ayudan a fabricar a mano miles de bolas de semillas. Crédito: Beta Earth LLC
Allí, la minería había dejado superficies arenosas y empobrecidas, poco favorables para que vuelvan a establecerse árboles y otras plantas propias de la selva.
Cómo sembraron 10 hectáreas desde el aire
La iniciativa reunió a la empresa Flying Forests y a integrantes del Ejército de Perú. Un grupo de 20 soldados colaboró en la preparación de 20.000 bolas de semillas, que después fueron dispersadas mediante un dron adaptado para esta tarea. El vuelo abarcó unos 25 acres, equivalentes a poco más de diez hectáreas, en 90 minutos.
Voluntarios de Flying Forests, en su programa de reforestación, examinan una zona anteriormente árida de la selva amazónica peruana que habían sembrado con bolas de semillas. Crédito: Beta Earth LLC
Cada bola actúa como una cápsula que protege las semillas durante el lanzamiento y sus primeros días en el suelo. La formulación incorpora materiales que ayudan a mantenerlas juntas y componentes destinados a reducir daños por animales. No se trata de arrojar árboles formados, sino de distribuir semillas en sitios donde la siembra manual sería lenta y trabajosa.
Por qué eligieron una planta antes que un árbol
En esta primera etapa se utilizaron semillas de Crotalaria, un género de leguminosas que puede ayudar a generar cobertura vegetal y mejorar las condiciones del terreno. Esa elección es importante: en un suelo muy deteriorado, plantar directamente especies arbóreas puede fracasar si antes no se recuperan condiciones básicas para su desarrollo.
La idea del proyecto es preparar el ambiente para posteriores plantaciones de especies nativas, que sí permitirían reconstruir parte de la estructura del bosque.
Por eso, la cifra de 20.000 corresponde a cápsulas de semillas dispersadas y no a 20.000 árboles que ya hayan crecido ni a hectáreas de selva recuperadas.
Qué aporta el dron y qué queda por comprobar
Los responsables combinan información obtenida con imágenes aéreas y satelitales para definir dónde intervenir. La ventaja más visible es la velocidad de distribución en una superficie extensa, especialmente cuando el acceso por tierra resulta difícil. Sin embargo, cubrir un terreno con semillas es solo una de las etapas de restauración.
El paso siguiente exige comprobar cuántas semillas germinaron, cuántas plantas sobrevivieron y si mejoró efectivamente el suelo. También será necesario evaluar la llegada de otras especies, el control de nuevas alteraciones y el mantenimiento del área. Esos indicadores permitirán determinar si el método ayuda a recuperar un ecosistema funcional.