13 de octubre de 2026 - 20:15

A los 39 años, dejó la ciudad para vivir en un pueblo entre las montañas, sin calles y sin gente

Álvaro dejó la ciudad y se instaló en una aldea abandonada de Asturias, donde su padre había vivido de chico. Ahora es el único habitante.

A los 39 años, Álvaro vive completamente solo en una aldea de Asturias, España, donde las casas abandonadas y los techos derrumbados forman parte del paisaje cotidiano. Hace seis años decidió dejar atrás la ciudad para instalarse en un pueblo sin calles, donde las últimas familias se habían marchado más de medio siglo antes.

Su decisión no estuvo motivada únicamente por la tranquilidad de las montañas. Álvaro regresó al lugar donde su padre había crecido y donde todavía conservaba una casa restaurada. Ahora, rodeado de construcciones vacías y caminos invadidos por la vegetación, tiene un objetivo que considera fundamental: mantener vivo el pueblo y evitar que desaparezca definitivamente.

En el caso de Álvaro, la decisión estuvo relacionada tanto con sus circunstancias personales como con el recuerdo de su padre.

En el caso de Álvaro, la decisión estuvo relacionada tanto con sus circunstancias personales como con el recuerdo de su padre.

Álvaro decidió mudarse a un pueblo abandonado de Asturias

La historia de Álvaro está estrechamente vinculada con los recuerdos de su familia.

  • Durante su infancia, escuchaba los relatos de su padre sobre la pequeña aldea asturiana donde había pasado parte de su vida.
  • En ese lugar también había vivido su abuela, por lo que el vínculo familiar se extendía a varias generaciones.
  • Aunque Álvaro creció y desarrolló su vida lejos de las montañas, nunca perdió el interés por aquel pueblo.
  • "Mi padre me contaba muchas anécdotas de aquí de pequeño", recordó al hablar sobre su relación con la aldea.
  • Hace seis años, diferentes circunstancias laborales lo llevaron nuevamente hasta ese rincón de Asturias.

Lo que inicialmente parecía una etapa más de su vida terminó convirtiéndose en una decisión permanente.

El regreso le permitió reencontrarse con los paisajes que conocía desde chico y recuperar parte de la historia familiar.

"Entre los recuerdos que tenía y el amor que tenía mi padre por esta zona, me lo han inculcado a mí", explicó.

Así comenzó una nueva vida en un lugar donde ya no quedaban vecinos permanentes.

¿Cómo es vivir en un pueblo sin calles y rodeado de casas abandonadas?

La aldea donde vive Álvaro se encuentra en una zona montañosa de Asturias y tiene una particularidad que marcó su historia: nunca llegó a contar con calles como las de los pueblos convencionales.

La falta de infraestructura y las dificultades de acceso condicionaron durante décadas la vida de sus habitantes.

Con el paso del tiempo, las familias comenzaron a trasladarse hacia localidades con mejores servicios y oportunidades.

Según recordó Álvaro, las últimas familias abandonaron el pueblo a comienzos de la década de 1960.

Desde entonces, muchas viviendas quedaron vacías y comenzaron a deteriorarse.

Actualmente, el paisaje está compuesto por antiguas construcciones de piedra, techos caídos y sectores donde la vegetación avanzó sobre los espacios que antes utilizaban los habitantes.

En medio de esas ruinas, la casa de Álvaro es una de las pocas construcciones que se mantienen habitables.

El hombre se convirtió así en el único residente de una aldea que, décadas atrás, había albergado a varias familias.

¿Qué historia tiene la casa donde vive Álvaro?

La vivienda que ocupa actualmente perteneció a su padre, quien la compró y decidió restaurarla.

Para realizar los trabajos utilizó materiales de la zona, con la intención de conservar parte de la identidad arquitectónica del lugar.

La recuperación de la casa representó un proyecto personal importante para su padre, que deseaba mantener un vínculo con la aldea de sus raíces.

Sin embargo, pudo disfrutarla durante un tiempo limitado.

"Mi padre la disfrutó unos años, pero falleció hace ocho y el destino me trajo a mí aquí hace seis y ahora la disfruto yo", relató Álvaro.

Algunas personas deciden regresar a los pueblos de sus antepasados para recuperar viviendas familiares o desarrollar una vida diferente.

Algunas personas deciden regresar a los pueblos de sus antepasados para recuperar viviendas familiares o desarrollar una vida diferente.

¿Por qué las últimas familias abandonaron el pueblo en los años 60?

El despoblamiento de numerosas aldeas rurales españolas estuvo relacionado con transformaciones económicas y sociales que se intensificaron durante el siglo XX.

La búsqueda de empleo, el acceso a servicios y las mejores conexiones con las ciudades impulsaron la salida de habitantes de diferentes regiones.

En zonas montañosas, las dificultades de acceso y la distancia respecto de los servicios pueden hacer especialmente complejo mantener una población estable.

En zonas montañosas, las dificultades de acceso y la distancia respecto de los servicios pueden hacer especialmente complejo mantener una población estable.

Un detalle que vuelve particular su experiencia es que no intenta recuperar un pueblo que se despobló recientemente: las últimas familias se fueron hace más de seis décadas. Álvaro llegó muchos años después y encontró un paisaje marcado por el abandono. Ahora, mantener una sola casa habitada, el acceso y el agua es su manera de conservar el vínculo entre aquel pasado familiar y el presente de la aldea.

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