El asesinato del ex espía ruso Alexander Litvinenko conmocionó al mundo entero. El 23 de noviembre de 2006, cuando murió en Londres tras 22 días de padecimientos tremendos, un halo de misterio rodeó el caso.
El asesinato del ex espía ruso Alexander Litvinenko conmocionó al mundo entero. El 23 de noviembre de 2006, cuando murió en Londres tras 22 días de padecimientos tremendos, un halo de misterio rodeó el caso.
Cuando fue envenenado, Litvinenko investigaba el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya, una feroz crítica del Kremlin por sus políticas hacia Chechenia. En ese contexto, el 1 de noviembre de 2006, el ex agente almorzó con dos hombres en un restaurante de sushi en un hotel de Londres y luego se descompuso.
Nacido en 1962 en la ciudad rusa de Voronezh, unos 300 kilómetros al sur de Moscú, Litvinenko ingresó a las Fuerzas Armadas en 1980 y en menos de 20 años ascendió de soldado raso a coronel de uno de los departamentos más prestigiosos del Servicio Federal de Seguridad de Rusia: el Departamento 7, encargado de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Su carrera se vino abajo en noviembre de 1998, cuando denunció una serie de acciones ilegales de los dirigentes del FSB, encabezado entonces por el hoy presidente Vladimir Putin.
Poco después, el coronel fue acusado de “abuso de poder”, cesado del cargo y detenido. Fue encarcelado en la prisión de alta seguridad Lefórtovo.
En el año 2000, Litvinenko logró huir de Rusia y apareció junto con su familia en Londres, donde pidió asilo político a causa de la “incesante persecución por parte de los servicios secretos rusos”.
En Londres, Litvinenko continuó sus denuncias: en 2002 fue el primero en acusar a los servicios secretos rusos de haber volado dos edificios de viviendas en Moscú en 1999, acto terrorista que fue atribuido por el Kremlin a terroristas chechenos.