La tendencia global de refuncionalizar la infraestructura obsoleta encuentra su último gran hito en Albertslund, un suburbio de Copenhague, Dinamarca. El histórico penal de Vridsløselille, famoso en Dinamarca por su arquitectura panóptica del siglo XIX y su icónica puerta verde, se encuentra en pleno proceso de reconversión residencial y cultural.
El proyecto, denominado urbanísticamente como Vridsloese, planea la construcción de 1.600 viviendas. El diseño busca revertir el concepto original del aislamiento absoluto por el de la vida comunitaria y sustentable.
¿Cómo era la prisión y por qué se conservaron sus celdas?
La fisonomía de la prisión, inaugurada en 1859 bajo el sistema "Filadelfia", obligaba al encierro de los reclusos durante las 24 horas del día para forzar su introspección. Las autoridades locales y el prestigioso estudio de arquitectura COBE decidieron mantener los muros patrimoniales en lugar de demolerlos. Esto incluye las naves principales que convergen en una torre central y la iglesia del complejo.
"El objetivo principal es abrir la prisión hacia la ciudad, transformando un espacio históricamente cerrado y gris en un tejido urbano poroso, verde y lleno de vida", explicaron desde el equipo de diseño a cargo del máster plan. Los antiguos pasillos de celdas, caracterizados por techos altos y estructuras de hierro, se acondicionarán como espacios comunes y departamentos adaptados a los estándares modernos de habitabilidad.
¿Cómo será el nuevo barrio de departamentos sin autos?
El desarrollo inmobiliario no se limita al interior de la antigua muralla. En los terrenos perimetrales ya se levantan los primeros bloques de edificios nuevos, agrupados en el sector conocido como Skydebanen. Estas viviendas, que van de los dos a los cuatro ambientes, recibirán a sus primeros habitantes a finales de 2026.
La propuesta del municipio de Albertslund prohíbe la circulación de vehículos motorizados en el interior del predio. El plan prioriza los senderos peatonales, las ciclovías, las plazas de juego y las huertas de agricultura urbana. De esta manera, el espacio que durante un siglo y medio funcionó como símbolo de confinamiento operará bajo una lógica de integración ecológica absoluta.
Además del ala residencial, los desarrolladores reservaron sectores para la instalación de cafés, comercios de cercanía y un centro cultural permanente. El Museo de la Prisión continuará funcionando en las instalaciones, ofreciendo recorridos guiados por exguardiacárceles, lo que asegura el mantenimiento de la memoria histórica del lugar dentro de la nueva fisonomía urbana.