27 de junio de 2015 - 00:00

Miami recuerda al “balserito”, símbolo del exilio cubano

El caso que marcó a la comunidad isleña en EEUU fue rememorado con discreción, en el marco del restablecimiento de las relaciones entre ambos países.

“Un niño muy alegre y activo”. Así recuerda el tío abuelo a Elián González, al “niño balsero” devuelto a Cuba hace 15 años tras una larga y mediática puja legal, que marcó a la comunidad cubana en Estados Unidos.

Desde entonces, cuando el caso hizo que el exilio cubano en Miami cerrara filas, los tiempos han cambiado: la ciudad no ha registrado casi ninguna movilización desde que se anunció el histórico acercamiento entre Washington y La Habana, tras medio siglo de enemistad, y el propio Elián dijo recientemente que le gustaría visitar Estados Unidos.

Pero en aquella época la puja legal por la custodia del menor devino en un largo culebrón que involucró a los gobiernos de ambos países, convulsionó a Miami y se vio reflejado en la prensa internacional hasta su fin el 28 de junio de 2000, cuando el balserito volvió a Cuba junto a su padre.

“Esa época estuvo muy complicada para la familia. Día y noche la prensa ahí, haciendo noticieros en vivo para el mundo entero, y todo el mundo le traía juguetes, regalos, un souvenir”, dice Delfín González, en la casa de La Pequeña Habana, tradicional barrio cubano en Miami, Florida, donde Elián residió.

Lo que más recuerda el tío abuelo es la alegría de Elián, quien con apenas cinco años sobrevivió en noviembre de 1999 el naufragio de una precaria balsa en la que lo llevaba clandestinamente hacia Miami su madre Elizabeth Broton, fallecida junto a una decena de personas en la tragedia.“Su jocosidad, su alegría, sus chistes, siempre estaba fastidiando, era un niño muy alegre y muy activo”, señala González, un pescador de 82 años.

A flor de piel
Elián fue retirado a la fuerza de la casa en abril de 2000 por órdenes del Departamento de Justicia norteamericano, en medio de la batalla legal por su custodia emprendida por su padre. En Cuba, Fidel Castro lideró la campaña para demandar su devolución.

Aún el caso “está a flor de piel. Cuando la gente te habla de Elián se emociona y recuerda dónde estaba cuando ocurrió este evento traumático y cómo reaccionaron, algunos que se fueron a las calles”, indica el analista Jorge Duany.

Pero pese a que el caso unificó al exilio, también mostró “un gran desfase” entre ese sector y la opinión pública mayoritaria en Estados Unidos, que consideraba que Elián debía volver con su padre, recuerda Duany, director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Florida International University (FIU).

Para algunos líderes de la comunidad cubana, ese evento marcó un antes y un después.

“Fue un momento que marcó un quiebre. Las personas más sensatas, que habían tenido una postura muy fuerte hasta ese momento, empezaron a repensar” sus posiciones frente a Cuba, dice Elena Freyre, presidenta de la Fundación para la Normalización de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

“Elián fue un símbolo de todo lo que estaba mal con esa política” de aislamiento hacia Cuba, señala. “Fue la génesis del cambio del exilio”, señala el empresario Carlos Saladrigas, quien luego del caso Elián fundó el Cuban Study Group, que aboga por la apertura hacia Cuba como estrategia más adecuada para generar cambios.

Para Duany, la transformación en la diáspora cubana había comenzado antes, a mediados de los noventa, con la llegada masiva de refugiados “que tienden a asumir posturas diferentes a las primeras generaciones de cubanos que llegaron a Estados Unidos”.

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