En consonancia con lo ocurrido a nivel nacional, las exportaciones de la región cuyana decayeron en relación al año pasado. La influencia del factor climático fue determinante en esta baja, pues las principales actividades agrícolas sufrieron una merma demasiado acentuada en sus producciones, consecuencia de las inclemencias del tiempo.
La escasez, reiterada, de mano de obra para las cosechas agregó un problema a la ecuación. A su vez, los mercados externos, si bien algunos presentan síntomas de mejoría, aún están lejos de recuperar su poder de demanda previa a la complicada situación del año 2008.
En el caso de Europa, por ejemplo, la caída en el consumo interno de los países más afectados por esta crisis hizo que aumentaran sus saldos exportables y en muchos casos se tradujo en un aumento de la competencia con nuestras exportaciones.
Además, incidieron para ese vuelco de los productos europeos a los mercados internacionales, fuertes políticas públicas de apoyo al comercio exterior que los países implementaron en algunos casos o profundizaron su aplicación en otros, como por ejemplo, el Programa Agrícola Comunitario (PAC), que cuenta con un fuerte componente de subsidios agrícolas.
Independientemente del contexto mundial, de la merma de producción y la baja en la demanda externa, elementos éstos que deben ser muy tenidos en cuenta en la evaluación general, hay otros factores que contribuyeron a esta disminución de los volúmenes de exportación.
Hemos mencionado en varias oportunidades que las economías regionales muestran una matriz de problemas que les son comunes: las retenciones a la exportación; demora en la acreditación de reintegros; en algunos casos, carencia de reintegros (aceite de oliva); presión tributaria; elevados costos internos que incluyen los laborales y los desajustes que genera la elevada inflación, son generadores de pérdida de competitividad, por mencionar algunos de los inconvenientes que se enfrentan. Y esa pérdida de competitividad redunda en la caída de las ventas al exterior.
Y en esto es necesario expresarse con claridad: se puede paulatinamente mejorar los niveles competitivos, vía baja de las retenciones; aumento u otorgamiento de reintegros; estímulos crediticios, impositivos u operativos que contribuyan a mejorar la cantidad de pesos que se reciben por cada dólar exportado.
A riesgo de ser reiterativos, una baja en las retenciones (5%) y otorgar un reintegro a las exportaciones por igual porcentaje (5%), terminaría mejorando el tipo de cambio en similares proporciones.
Y si a estas medidas pudiéramos agregar la adecuación de los costos laborales en forma simétrica al tamaño de nuestra agroindustria; adaptar los fletes a valores competitivos para los empresarios del transporte y los usuarios, y poner en práctica un programa económico destinado a controlar y bajar el actual nivel de inflación, seguramente, como ya han dado sobradas muestras, el empresariado de nuestra región daría inmediata respuesta y apoyaría con su esfuerzo el crecimiento de nuestras exportaciones, favoreciendo de esta forma el ingreso de divisas, imperiosa necesidad para las arcas nacionales.
Es de esperar que este año las producciones agrícolas sean buenas y apoyados en medidas gubernamentales tendientes a mejorar nuestros márgenes competitivos, se pueda retomar la senda alcista en el comercio exterior no sólo de nuestra región, sino de nuestro país.
Entendemos que poniendo bajo análisis las economías regionales se coincidirá que adoptando algunas medidas de neto sesgo exportador, como las señaladas, se contribuirá en gran medida a lograr restituir los índices de crecimiento que la economía necesita.