29 de marzo de 2015 - 00:00

Mariano Di Césare: el juego invencible

Con proyecto solista recién estrenado y a días del lanzamiento del séptimo disco de Mi Amigo Invencible, “La danza de los principiantes”, Mariano Di Césare nos ayuda a desentramar los enredos de una banda que hace rato dejó de ser promesa para convertir

Hablar de Mi Amigo Invencible como la banda mendocina que triunfa en Buenos Aires está agotado. Ya está, pasó, es un lugar común que corre el foco y no le hace justicia ni a la historia ni al presente de la banda: a esta altura bien se puede analizarla desde adentro hacia afuera, buscar las conexiones internas de una obra en constante movimiento que está a días de llegar a su séptimo disco, “La danza de los principiantes”, para luego ponerla en contexto y comprender la dirección actual de una banda que tranquilamente podría dar el salto que la lleve al siguiente nivel de popularidad.

Ellos, justamente, van tranquilos: su último trabajo, “La Nostalgia Soundsystem”, fue coproducido por el mendocino Leandro Lacerna, ganador en 2013 de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, reconocimiento que lo llevó a trabajar en su disco “Último Reset” junto al prestigioso productor Tweety González.

Lacerna aportó su experiencia en estudios para intentar equilibrar el juego compositivo de la banda con un sonido más accesible, enfocando esa creatividad lúdica hacia un tono más profesional. A su vez, Mariano DiCésare (29), guitarra y voz de la banda compuesta también por Mariano Castro (voz), Nicolás Voloschin (guitarras), Arturo Martín (batería), Juan Pablo Quatrini (bajo) y Leandro Gudiño (percusión), acaba de lanzar su primer trabajo solista bajo el seudónimo Príncipe Idiota: “Doméstico”, una colección semiacústica de canciones a la vez íntimas y espaciales que ya está presentando por diferentes ciudades del país.

“Creo que con este disco logré algo que nunca me había pasado: que el sonido que buscaba quedara tal como lo había pensado desde el comienzo”, cuenta Mariano entre mate y mate en el departamento del centro porteño donde vive junto a su novia mendocina. “Con los discos de Mi Amigo Invencible vamos cerrando ideas entre todos, y muchas veces se trabaja la tolerancia, la aceptación. Si mi idea se transforma en otra cosa, bienvenido sea, somos un grupo. Entonces el sonido que tenés en la cabeza al comenzar se transforma y se va a cualquier lado, que en la banda está buenísimo. Ahí tratamos de seguir haciendo cosas para agitar cuando tocamos en vivo, nos gusta divertirnos. Y con el Príncipe busqué una cuestión calma más…  profunda, por llamarlo de alguna manera que no sé si es (risas)”.

- En "Doméstico" hay también momentos muy repetitivos que en la banda suenan muy bien pero no aparecen seguido.

- Sí, me tomé esa libertad, son esas cosas que con la banda cedo por respeto a las ideas de los chicos, y me quedan picando... Y de caprichoso me digo en algún momento lo voy a hacer, así que me di el gusto.

- ¿Y qué diferencias encontrás con aquel primer disco de Guaper, que también fue casi solista?

- Guaper era una cosa aún más de principiante que ahora, un juego súper desinteresado y despreocupado. El Príncipe también es eso, pero con ocho años de realidad encima y una seguridad que con Guaper no tenía.

- Manteniendo esa idea de "estar perdido" que aparece en todos los discos.

- Sí, total, crisis siempre... Fue terminar el disco y decir “esto es todo una porquería”. Pero con Mi Amigo Invencible me pasó muchas veces también, pensar “no, esto es muy radial, no sirve” (risas).

Más allá de la agitada agenda de la banda, todos los integrantes de Mi Amigo Invencible trabajan de otras cosas. Mariano, egresado de la Universidad del Cine de Buenos Aires (donde fue a estudiar en 2007), además de estar preparando junto a Lacerna una serie documental acerca de artistas mendocinos en Buenos Aires (y viceversa), actualmente realiza trabajos en video para bandas y artistas tan variados como Fauna, Markama y Paula Neder; entre otros.

- ¿Con la banda, con todo lo que están tocando, todavía no da para vivir de eso?

- No, los recursos que generamos son para seguir produciendo cosas que no podríamos producir con nuestro dinero: discos, remeras, viajes, pero hasta el momento vivir de eso no se puede.

- ¿Lo ves como algo posible?

- No sé... Algunos artistas conocidos viven muy bien de Sadaic, después otros un poco más under pueden vivir tranquilos pero tenés que tener un material que rote en radio y televisión de una manera redituable. Y la rotación que nosotros tenemos en los medios, si bien para nosotros es muchísimo, para lo que es ingresos de Sadaic es mínima.

- ¿Tuvieron propuestas de alguna discográfica?

- No, ni siquiera sé si todavía existen (risas).

- ¿Y llegado el caso?

- Más que interesarnos creo que por mi parte me daría un poco de miedo que me vinieran a proponer algo que no quiero y que de repente me tiente, y empezar a poner en duda ideales y esas cosas. Lo que sí sabemos es que si en algún momento nos proponen algo que signifique modificar la manera en que hacemos las cosas, simplemente lo rechazaríamos al toque.

- En ese sentido el último disco tiene un sonido más prolijo.

- Hay una diferencia natural de crecimiento con los anteriores también.

- ¿Crecimiento por qué lado?

- Por el lado de descubrirnos a medida que vamos grabando, porque siempre fuimos un experimento, siempre, hasta el último disco… Al no estar en una discográfica nadie nos obliga a hacer nada, los únicos que le ponemos obligación somos nosotros, nos tiene que gustar primero a nosotros. Y en ese sentido experimentamos, y ahí vas moldeando cada vez más lo que hacés. Vamos yendo por caminos para llegar a un estilo que nos guste, y a medida que vamos grabando vamos interpretándonos, viendo qué cosas que fallaron para no hacerlo en el próximo disco. A ese tipo de madurez me refiero.

- ¿Cómo equilibran esa idea de madurez con la de juego que traen desde siempre?

- Eso siempre está ahí porque todo esto nunca dejó de ser un juego para nosotros, un capricho que se volvió una obligación cuando se empezó a armar algo más grande, cuando empezamos a ponerle responsabilidad, respeto... Y siempre me gustó esa idea de Radiohead, que todos los discos son distintos, como una evolución paralela que va guiada con esa madurez.

- Una anécdota de Sumo cuenta que un verano en Mar del Plata Luca miró a su público, todos con look muy moderno, y les dijo: "Parecen una propaganda de Coca-Cola". ¿Cómo se llevan con la escena "indie", donde hay mucho de eso?

- Sí, cuando me vine a Buenos Aires en el 2007 empecé a ver que las propagandas de las grandes compañías estaban basadas en la ciudad de Buenos Aires, y veía a la gente en los recitales vestidos así, y en Mendoza era algo más sencillo. Ahora creo que se da en todos lados, todo el mundo se va poniendo más hipster. Son las tendencias de la música ligadas a la moda, no hay con qué darle.

Nosotros tampoco estamos muy pendientes de eso. Sí somos conscientes de que hay una movida estética que va de la vestimenta hasta los ritmos, pero tratamos de ser verdaderos, que salgan las cosas de adentro. Tratamos de hacer lo que se nos canta. Obviamente pensamos en un oyente, pero son nuestros amigos, nuestra familia. Capaz después se agranda el círculo de amigos y se complica, pero bueno, es así... (risas).

- ¿Y el disco nuevo cómo viene?

- Un poco más punk, queríamos ver si podíamos hacer una mezcla entre “Relatos de un incendio” y “La Nostalgia”.

- Entre el juego y la prolijidad…

- Lo prolijo es mérito de Lacerna, lo buscamos porque queríamos un poco más de prolijidad, no cerrarnos tanto en un estilo, y ahí lo llamamos a él, que mira desde afuera y moldea, redondea. Está haciendo el mismo trabajo de coproducción que en el anterior, sólo que tomó más riendas porque nos conoce mejor, y mete más ideas. Ahí estamos peleando... (risas). También está Federico Calandria, que hace un trabajo estupendo. Pero nos gusta: si le pedimos a alguien que trabaje con nosotros es porque nos interesa lo que puede aportar.

- Siempre hacia adelante…

- La idea es seguir en movimiento con esto que nos encanta, más allá de que estamos todos a full con nuestros trabajos. Es como la crisis de los treinta, que la verdad no nos agarró. Creo que los años se notan en las cosas que te gustan y dejás de hacer, y quizás por eso hacemos tantos discos: como una manera de detener el tiempo.

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