El ultraconservador Mike Pence se convirtió en el primer vicepresidente de EEUU en el cargo en encabezar la llamada Marcha por la Vida, que ayer recorrió Washington con un mensaje de rechazo frontal al aborto.
El ultraconservador Mike Pence se convirtió en el primer vicepresidente de EEUU en el cargo en encabezar la llamada Marcha por la Vida, que ayer recorrió Washington con un mensaje de rechazo frontal al aborto.
“La vida está ganando nuevamente en Estados Unidos”, dijo el alto funcionario frente a la multitud reunida en la capital estadounidense.
El papa Francisco envió un especial mensaje de apoyo a los miles de participantes, y agregó que está profundamente agradecido por este “impresionante testimonio de la sacralidad de toda vida humana”.
Participaron en la manifestación la consejera presidencial Kellyanne Conway, los legisladores republicanos Chris Smith, Joni Ernst, y Mia Love, así como el arzobispo de Nueva York, el cardenal Timothy Michael Dolan, y la actriz mexicana de telenovelas Karyme Lozano.
El presidente estadounidense, Donald Trump, comunicó a través de Twitter su “pleno respaldo” a la celebración de esta Marcha contra el aborto, que se realizó en Washington bajo el lema The Power of One (El poder de una misma). “La Marcha por la Vida es importantísima. A todas aquellas que se manifiesten... ¡tienen mi pleno apoyo!”, escribió el flamante presidente antes de que la marcha se hiciera.
Adhesiones
El ex mandatario republicano George W. Bush (2001-2009) participó con un mensaje no presencial en esta marcha, que celebró este año su 44ª edición. Los antiabortistas confían en que la convocatoria de ayer haya sido “muy especial” porque, tras ocho años de gobierno demócrata, “por fin” tienen de nuevo una Casa Blanca que está en sintonía con sus convicciones.
“Ahora sí tenemos un Gobierno que nos escucha y nos defiende. Las políticas de (el anterior presidente de Estados Unidos) Barack Obama fueron terribles”, explicó Sarah, una joven que fue a la marcha con amigas del grupo de su iglesia.
Una de las primeras órdenes ejecutivas que firmó Trump como presidente, el pasado lunes, prohíbe el uso de fondos del Gobierno para subvencionar a grupos que practiquen o asesoren sobre el aborto en el extranjero, una política republicana que data de la década de 1980 y que Obama había cancelado.
Trump se esforzó en su campaña por despejar cualquier duda sobre su posición sobre el aborto, tras la apertura que mostró en el pasado, y logró pacificar a este sector prometiendo nominar jueces contrarios al aborto para el Tribunal Supremo y eligiendo a Pence como vicepresidente.
Pence es la garantía para los republicanos más conservadores en temas sociales (aborto, matrimonio entre homosexuales): le avala su historial como congresista y como gobernador de Indiana (2013-2017).
En la Cámara de Representantes encabezó el tipo de batallas que exaltan a ese sector y, como gobernador, firmó una ley criticada por permitir la negación de servicios a homosexuales por motivos religiosos y otra que prohíbe abortar por la discapacidad, raza o género del feto.
Trump, en una entrevista con la cadena ABC, pronosticó antes de la concreción de la marcha que habría “una gran multitud” de manifestantes antiabortistas, e incluso arriesgó que quizás “sería mayor” que la multitudinaria Marcha de las Mujeres del pasado sábado en Washington, que congregó a más de medio millón de personas.
Esta comparación no fue confirmada por la realidad ni las mediciones de la policía, aunque se sostuvo en varias agencias noticiosas que la convocatoria había sido “muy importante”.
Trump desfinancia y Europa compensa
La ministra holandesa de Desarrollo Internacional, Lilianne Ploumen, tratará de convencer a sus homólogos en Europa y América Latina para la creación de un fondo alternativo “con el fin de compensar este golpe financiero en la medida de lo posible”.
Donald Trump firmó una ley que pone fin a que los grupos que trabajan en los países en desarrollo cuenten con dinero estadounidense para incluir el aborto en sus programas.
La funcionaria lamentó la decisión de retirar alrededor de 600 millones de dólares de fondos para grupos que asisten o promueven el aborto en el mundo.