Una familia de Carolina del Norte, Estados Unidos, logró conservar parte de la misma propiedad durante siete generaciones, más de dos siglos después de que sus antepasados compraran esas tierras. Ahora, una superficie de 298 acres, equivalentes a unas 121 hectáreas, quedó protegida de manera permanente mediante un acuerdo de conservación.
La medida impide que ese sector pueda transformarse en un barrio residencial, un emprendimiento comercial u otro desarrollo que modifique su actual uso forestal.
La propiedad está ubicada en el condado de Robeson, en una zona cercana a Lumberton. Fue adquirida originalmente por John W. Caldwell y su esposa, Nancy Hartfield, en 1811.
La pareja había llegado desde Kinston, Carolina del Norte, hasta la zona de Raft Swamp antes de comprar la propiedad original, que tenía una superficie de 600 acres, aproximadamente 243 hectáreas.
El 9 de junio del año pasado, Three Rivers Land Trust, una organización sin fines de lucro dedicada a la conservación de tierras, concretó una servidumbre de conservación sobre 298 acres. El acuerdo abarca la mayor parte de la superficie que todavía permanece en manos de la familia.
De las 600 acres originales, unas 124 hectáreas continúan siendo propiedad familiar. Actualmente, Joe y Rosalie Dietzel, junto con su hijo Charles Dietzel, están a cargo de administrar las tierras.
La diferencia fundamental es que la familia conserva la propiedad, pero los 121 acres protegidos quedan sujetos a restricciones permanentes que impiden su desarrollo inmobiliario o comercial.
Una propiedad transmitida durante siete generaciones
La tierra permaneció vinculada a la familia Caldwell-Dietzel durante 214 años, aunque el uso que se hizo de ella fue cambiando con el paso del tiempo.
En una época, más de 200 acres, unas 81 hectáreas, estaban destinados al cultivo de tabaco. La actividad agrícola tuvo un papel central en la historia de la propiedad y forma parte del legado que la familia busca conservar.
Con el paso de las generaciones, el paisaje se transformó. Actualmente, gran parte de la superficie está cubierta por pinos de hoja larga (longleaf) y pinos taeda (loblolly), y el terreno se administra como un bosque productivo.
Para la familia, conservar la propiedad no implica solamente mantener los árboles. También significa mantener la tierra dentro de la familia y preservar una conexión que comenzó a principios del siglo XIX.
La servidumbre de conservación permite que esa intención tenga un respaldo legal permanente en las 121 hectáreas protegidas.
La familia sigue siendo propietaria de la tierra, pero el acuerdo establece límites sobre los usos que podrán darse a esa superficie en el futuro. De esta manera, el terreno continuará destinado a actividades forestales en lugar de convertirse en viviendas, calles, estacionamientos o instalaciones comerciales.
Del cultivo de tabaco a un bosque de pinos
El paisaje actual es muy diferente del que conocieron los primeros propietarios.
Durante décadas, una parte importante de la propiedad estuvo destinada al cultivo de tabaco, una actividad agrícola que tuvo gran importancia histórica en Carolina del Norte.
Más de 81 hectáreas de la propiedad llegaron a utilizarse para ese cultivo. Con el paso del tiempo, el uso de la tierra cambió y los bosques de pino pasaron a dominar el paisaje.
Actualmente, la familia gestiona los bosques de pino de hoja larga y pino taeda, dos especies características de la región.