Todo comenzó en 1964 con una cochera para proteger el auto familiar y un material poco convencional: cientos de botellas de vidrio desechadas. Howard y Joy Finch descubrieron que podían fijarlas con mortero y decidieron llevar aquella idea mucho más lejos. El pequeño proyecto terminó convirtiéndose en una casa de aproximadamente 251 metros cuadrados en Tucson, Arizona.
Durante años, la pareja recogió botellas en cunetas, bares y vertederos de la zona y las colocó una por una en las paredes. Décadas después, aquella construcción artesanal seguía en pie, había pasado a manos de otra propietaria y llegó al mercado inmobiliario con un precio de US$432.500, muy lejos de aquella modesta cochera que originó todo.
La propiedad pasó posteriormente a manos de la artista Kathe B, quien se ocupó de conservar buena parte de sus características originales.
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Cómo una cochera de 1964 terminó convirtiéndose en una casa de 251 metros cuadrados
Howard Finch inicialmente quería construir una estructura techada detrás de su vivienda para resguardar el auto. Para hacerlo comenzó a experimentar con botellas de vidrio recicladas colocadas dentro de cemento.
En lugar de detenerse al terminar la cochera, ambos ampliaron progresivamente el proyecto hasta plantearse la construcción de una vivienda personalizada utilizando el mismo principio.
Lo que había comenzado como una solución puntual terminó ocupándolos durante años y transformando materiales descartados en uno de los elementos principales de la estructura.
De dónde consiguieron las miles de botellas necesarias para levantar las paredes
Durante casi dos décadas, los Finch reunieron vidrio descartado en distintos puntos de la zona de Tucson.
- De acuerdo con la historia recogida por el Arizona Daily Star, buscaron botellas en cunetas, bares y vertederos, mientras que amigos, familiares y comerciantes también comenzaron a proporcionarles recipientes vacíos.
- Antes de utilizarlos, la pareja limpiaba los envases.
- Después colocaban las botellas horizontalmente y las rodeaban con gruesas capas de mortero. El proceso se repitió pieza por pieza mientras avanzaban tanto los muros exteriores como distintas paredes interiores.
- El proyecto incorporó botellas verdes de vino, recipientes ámbar de cerveza y frascos azul cobalto, entre otros envases recuperados.
La pared no intenta esconder el material reciclado, sino que lo convierte en parte de la identidad visual de la casa.
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Qué ocurre dentro de la casa cuando la luz atraviesa las botellas
Una de las consecuencias más particulares de utilizar los envases aparece cuando reciben luz exterior.
- Las bases de las botellas permanecen visibles dentro de las paredes y permiten que parte de la iluminación las atraviese. Según describió Architectural Digest, el conjunto genera un efecto similar al de un vitral dentro de la vivienda.
- Los colores tampoco aparecen distribuidos de manera completamente aleatoria.
- Los distintos tipos de vidrio forman patrones en espacios como las áreas de estar, la cocina y sectores próximos a los patios.
Así, las botellas cumplen simultáneamente una función constructiva y decorativa: la pared no intenta esconder el material reciclado, sino que lo convierte en parte de la identidad visual de la casa.
Las paredes gruesas poseen una característica relevante en un clima con grandes variaciones térmicas: su masa térmica.
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¿Cómo quedó distribuida la vivienda después de años de construcción?
El resultado final dista considerablemente de la pequeña cochera con la que comenzó el proyecto.
- La casa alcanzó aproximadamente 2.700 pies cuadrados, equivalentes a unos 251 metros cuadrados, y cuenta con tres dormitorios y dos baños.
- También dispone de un estudio artístico de planta abierta.
La reutilización tampoco se limitó al vidrio
En la propiedad aparecen otros elementos recuperados, entre ellos vigas de madera, piezas de herrería y adoquines de piedra procedentes de demoliciones de la región.
Además de la residencia principal, el terreno cuenta con un taller independiente construido siguiendo una lógica similar de aprovechamiento de materiales.
Howard Finch no salió en 1964 a recoger botellas pensando en levantar una propiedad de cientos de miles de dólares. Quería construir una cochera. La prueba funcionó, él y Joy siguieron colocando envases y aquel refugio para un auto terminó creciendo hasta convertirse en una casa de tres dormitorios cuyas propias paredes conservaron las botellas que otros habían descartado.