21 de octubre de 2016 - 00:00

Los peshmergas que esperan por sus casas

“A 4 km de aquí, al final de la carretera, están mi casa y mi coche”, afirma el iraquí Omran, señalando con el dedo a Bachiqa, de donde se elevan columnas de humo. Es su ciudad, y en unas horas los peshmergas esperan arrebatársela al EI.

Con un fusil Kalashnikov al hombro, Omran y otros cientos de peshmergas están determinados a recuperar la ciudad de la que se adueñó el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Desde la noche en la que tuvo que huir apresuradamente de su casa con sus cuatro hijos, sin poder llevarse “nada”, este kurdo se refugió más al este, en Erbil, la capital de la provincia autónoma del Kurdistán. Allí se enroló en los peshmergas, los combatientes kurdos.

Hoy “los kurdos recuperarán cada centímetro cuadrado de su tierra”, pronostica Omran Las, de 33 años.

“Podemos morir por esta región, hemos resistido a todas las ocupaciones, la (del difunto presidente) Sadam Husein, la de otros y ahora la del EI”, enumera.

Cientos de peshmergas lanzaron una ofensiva. Su principal objetivo es la toma de Bachiqa, a 25 kilómetros del centro de Mosul, la gran ciudad del “califato” que las fuerzas iraquíes quieren arrebatar al EI. Pero el problema, bromea Omran, es que “no encontramos a nadie con quien luchar”.

“Los hombres del EI no vienen nunca a combatir cuerpo a cuerpo, disparan morteros desde lo lejos y eso es todo”, asegura Omran, con la cara quemada por el sol y luciendo una barba tupida.

Efectivamente, en la carretera que serpentea sobre una superficie rocosa apenas cubierta por vegetación amarillenta resuenan pocas explosiones. Apenas un obús de mortero disparado contra Sheij Ali, donde están apostados los peshmergas.

Los combatientes kurdos replican. En una colina desde la que se divisa la carretera, uno de ellos introduce cuatro proyectiles en un lanzacohetes al que sacó brillo.

Calculan el ángulo haciendo garabatos en un cuaderno y lanzan los proyectiles. Se forma una nube de polvo. Decenas de combatientes lo graban con sus teléfonos móviles.

Más abajo, varias camionetas y coches transportan peshmergas abigarrados. Unos están vestidos con el típico bombacho atado a la cintura con un pañuelo, y otros con uniformes militares y calzado de montaña.

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