23 de julio de 2016 - 00:00

Los pecados de Rossini

Retomando la temporada, la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo interpretará el viernes que viene el arreglo que se hizo para ballet de los “pecados” musicales del célebre compositor italiano. Un anticipo de cómo sigue el ciclo.

Además de darle nombre a los famosos canelones, Gioacchino Rossini (1792-1868) es popular por haber hecho de su vagancia una marca registrada y de haber dejado, a causa de eso, una multitud de anécdotas (y todas demuestran su inteligencia y buen humor).

Es también sabido que se copiaba a sí mismo su propia música cada vez que no conectaba con la musa o cuando tenía mucho trabajo en el tintero. Se “plagiaba” todo el tiempo, con compulsión y sin culpa.

Es que él no se tomaba nada en serio (ni el día de su cumpleaños, un 29 de febrero): si le parecía conveniente, hacía “copy and paste” de la obertura de una ópera hacia la otra, y si al público no le gustaba el final triste de un argumento no dudaba en acordar con el empresario de turno (un “productor” de aquella época, digamos) cambiarle el final por otro más optimista.

Esto hizo con una tragedia del propio Shakespeare: en la “versión feliz” de su ópera “Otello”, el moro se reconcilia con Desdémona, le pide perdón y todos terminan cantando de lo más contentos.

Después de que Rossini decidió dejar el mundo de la ópera, a los 36 años (y cuando le quedaban todavía cuarenta años de vida), su oficio de compositor se limitó a piezas pequeñas y esporádicas: casi siempre música de salón.

Sus tertulias eran el epicentro de la vida musical parisina, por lo que no se privó de darse el gusto de componer para sus amigos de vez en cuando algunas piezas, a las que llamó (justamente) “Pecados de la vejez”.

En todas jugó poniéndole música a los temas más variados: desde tarantelas típicas hasta la canción de un niño que le pide a su mamá que le cambie los pañales, y les ponía títulos desobedientes como “Vals anti-bailable”, “Preludio convulsivo”, “¡Uff! Los pequeños garbanzos” o “Preludio petulante y rococó”.

Como Satie pocas décadas después, Rossini no perdía oportunidad de clavar alguna burla.

Es por esto que podemos imaginar lo bien que le habría caído que cincuenta años después de morir un colega “le copiara” (o “arreglara”, mejor dicho) algunos de esos “pecados”, originalmente compuestos al piano, para que sirvieran de música para ballet.

Para un ballet que, además, transcurría en una juguetería y era protagonizado por muñecos.

Esto es lo que hizo Ottorino Respighi en “La  boutique fantasque” (“La juguetería fantástica”, de 1919), que la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigida por Emmanuel Siffert, interpretará como suite en el concierto del próximo viernes.

Este compositor italiano, que había aprendido a colorear la música al estilo ruso con Nikolái Rimsky-Korsakov, le dio a estas pequeñas piezas un armazón orquestal tupido y vertiginoso.

Así, las melodías pegadizas y los ritmos telúricos llenos de “italianidad” se conjugan con una grandilocuencia orquestal atípica en la música de ese país, que siempre gravitó en torno a la melodía. Respighi inauguró este estilo y lo desarrolló en sus composiciones propias.

Lo que se viene

En esta obra decantará el programa del viernes que viene, luego de haber pasado por el poema sinfónico “Lénore”, de Henri Duprac, y por las tres canciones para soprano y orquesta de Maurice Ravel, inspiradas en poemas de Tristán Klingsor (pseudónimo de León Leclère) y que llevan el título de “Shéhérazade”.

La sinfónica, bajo la conducción artística del venezolano Rodolfo Saglimbeni, ya tiene delineados 15 programas para esta segunda parte del año.

En algunos de estos conciertos participarán solistas internacionales, como Enrique Malzt y Roman Spitzer (que son cellista y viola solistas de la Filarmónica de Israel), el oboísta italiano Gianfranco Bortolato, la violinista japonesa Ai Nihira y el pianista argentino-canadiense Alexander Panizza, que luego de su notable interpretación del Concierto para piano N°1 de Piotr Tchaikovsky la temporada pasada volverá con el primero de Liszt en octubre.

Las biografías musicales siguen: como el año pasado, se repetirá la de Tchaikovsky (pero esta vez enfocada en su ópera “Eugene Onegin”), la de Liszt y una que se basará en la influencia que tuvieron en la música Shakespeare y Cervantes, en ocasión del cuarto centenario de la muerte de ambos.

Un punto para destacar es que el Opera Studio que dirige Verónica Cangemi dará su segundo fruto en el año: se montará “La serva padrona”. Se trata de una operita bufa que en su tiempo sirvió de “intermezzo” (intermedio) entre acto y acto de las óperas serias.

En la etapa final del año, sin embargo, los ritmos más populares y actuales serán los que protagonicen “Sinfonía urbana”, el último ciclo.

Habrá un tributo a Los Beatles, YES,  Led Zeppelin y Pink Floyd, con la participación de bandas de rock provinciales. Con la zarzuela “La rosa del azafrán” (en coproducción con el Coro de Cámara que dirige Fernando Ballesteros) cerrará el año.

La ficha

Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo
Director invitado: Emmanuel Siffert.
Solista invitada: Marcela Carrizo (soprano).
Fecha y hora: Viernes 29 de julio, a las 20.30
Lugar: Nave Universitaria (España y Maza)
Entradas: $80 (platea baja) y $60 (platea alta y palcos). Venta anticipada en la boletería, de 10 a 14 y  de 17.30 a 20.

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