13 de junio de 2015 - 00:00

Los jóvenes polacos dan poder a la derecha

Desencantados, cercanos a los “Indignados” españoles, rechazan rotundamente cualquier cosa que se parezca al orden actual, cualquiera sea su color o tendencia política.

Sentada silenciosamente en medio del barullo de un café en el campus, Daria Zysk hizo una pausa para encontrar justo las palabras correctas para explicar por qué había votado por un candidato presidencial de un partido cuyas políticas derechistas no correspondían a sus propios puntos de vista.

“Los jóvenes están totalmente cansados de la situación en Polonia”, comentó Zysk, de 21 años, estudiante de ciencias políticas. “Es una interminable guerra política entre dos partidos principales que nunca produce nada. Quieren cambio. Yo quiero un cambio”.

En las elecciones recientes para la presidencia polaca -un cargo principalmente protocolar-, un oponente, mucho más conservador y poco conocido, derrotó en forma rotunda al titular del cargo, aliado del partido que gobernó a Polonia durante ocho años de prosperidad.

La mayor fuente del apoyo del contrincante de la derecha fue una sorpresa: no se trató de las personas mayores, conservadoras, católicas practicantes, sino la población joven de Polonia.

Alrededor del 60 % del electorado entre los 18 y 29 años, apoyó al contrincante, Andrzej Duda, de 43 años, cuya campaña estilo estadounidense, versada en medios, hizo que el enfoque más formal del titular Bronislaw Komorowski, de 62 años, pareciera algo decrépito. Hace cinco años, 54 % de los electores jóvenes escogió a Komorowski.

De quienes emitieron su voto por primera vez, la gran mayoría de los cuales había cumplido la edad mínima para votar desde las elecciones anteriores, hace cinco años, 67% apoyó a Duda, según funcionarios electorales polacos.

Justo una semana después de que Irlanda legalizó los matrimonios del mismo sexo y el mismo día en que España cambió drásticamente a la izquierda en elecciones locales y regionales -los resultados impulsados fuertemente por electores jóvenes-, Polonia y su juventud parecieron atípicos, cambiando a la derecha cuando todos los demás van a la izquierda.

Sin embargo, eso puede ser una interpretación incorrecta de los resultados, dicen analistas políticos, historiadores de la cultura y muchos jóvenes votantes.

Decepcionados y alejados, no es tanto que los jóvenes polacos hayan cambiado hacia la derecha, como que abrazaron una tendencia que comparten los electores jóvenes en gran parte de Europa: un rechazo rotundo a cualquier cosa que se parezca al orden político actual, ya sea de izquierda o de derecha.

“Ha sucedido algo muy grave durante estas últimas elecciones”, dijo Kazimierz Kik, un profesor de ciencias políticas en la Academia Polaca de Ciencias. “Reflejan el fenómeno que se ha vuelto cada vez más visible en todo el continente y, en especial, en el sur de Europa; una oleada de negación política, un rechazo a toda la elite política”.

El aumento de los nuevos electores, en su mayoría jóvenes, fue crucial para la aprobación del matrimonio del mismo sexo mediante un referendo en Irlanda. Los jóvenes votantes que salieron a afirmar partidos como Podemos, guiaron el cambio político en España, como se había hecho con unos anteriores en Grecia e Italia.

Hasta en Gran Bretaña, donde el titular conservador David Cameron ganó otro mandato como primer ministro, se atribuyó al incremento de jóvenes votantes en el norte el haber impulsado la derrota aplastante del Partido Laborista, el sitio tradicional para los votantes de izquierda en Escocia, por parte del Partido  Nacional Escocés.

En Polonia, aun cuando las elecciones enfrentaron a dos conservadores, Duda aprovechó su situación de contendiente para posicionarse como el candidato con más probabilidades de cambiar el statu quo entre los votantes más socialmente liberales.

“Los polacos ansían el cambio”, comentó Kik. “No cambiaron tanto a la derecha como parecieran indicar los resultados de la elección. Simplemente, no había un candidato viable de izquierda por el cual votar”.

Si persiste el desencanto político entre los jóvenes electores europeos, los analistas pronostican un incremento de muchos partidos más al estilo de Podemos en España y del Frente Nacional en Francia; partidos en distintos extremos del espectro político que comparten solo un rechazo agudo del orden político tradicional.

Michael Poplawski, de 21 años, quien estudia finanzas y contabilidad en la Universidad de Varsovia, se describió como un ardiente partidario del capitalismo y dijo que decidió, al final, apoyar a Komorowski.

Sin embargo, sabe que muchos de sus compañeros estudiantes rechazaron al presidente.

“Creo que fue un voto de protesta, en su mayor parte”, notó. “Un rechazo al presidente actual y al partido en el gobierno, el cual hizo muchas promesas en las elecciones pasadas, pero no las cumplió”.

La clave, dijo Poplawski -y muchos analistas políticos están de acuerdo-, fue el sorprendente surgimiento de un tercer partido contendiente con la muy conocida estrella de rock, Pavel Kukiz.

En la primera ronda de votaciones, a principios de mayo, ningún candidato obtuvo más de 50%, con lo cual se tuvo que realizar una segunda vuelta entre Komorowski y Duda. Sin embargo, en esa primera votación, Kukiz integró una coalición de enojados retirados, anarquistas pendencieros y jóvenes desencantados, que atrajo a un 20 por ciento de los votantes, lo que sorprendió a la élite polaca.

En la segunda vuelta, fue Duda quien atrajo a los que habían votado por Kukiz, aun cuando la plataforma de su partido Ley y Justicia no tenía, prácticamente, ninguna correlación con el paquete de cambios que había propuesto Kukiz.

“Duda se presentó muy exitosamente como la persona que representaba el cambio”, comentó Andrzej Rychard, un sociólogo en la Academia Polaca de Ciencias. “Kukiz fue el primero en reconocer que había algo nuevo en el aire, esta energía contra la élite, y Duda pudo capitalizarlo”.

Rychard dijo que lo que encontraba más interesante de la coalición que reunió Duda para ganar la presidencia fue que combinó a dos grandes grupos de electores insatisfechos: los mayores, que batallan para llegar a fin de mes con sus pensiones y piensan que el ritmo de la reforma basada en el mercado ha ido demasiado lejos, y los más jóvenes, que ansían más empleos, un crecimiento más rápido y creen que los cambios no han ido lo suficientemente lejos.

“Cuánto tiempo podremos mantener integrados a estos dos grupos, bueno, es una pregunta abierta”, notó Rychard.

En el otoño boreal, Polonia llevará a cabo elecciones parlamentarias, las cuales tendrán como resultado la selección de un primer ministro, un cargo muchísimo más poderoso que el de presidente.

Kukiz ha prometido organizar un esfuerzo nuevo, de tercer partido, para esa contienda, y otras organizaciones rondan la idea de formar partidos nuevos, en lo que sienten es una oportunidad para romper el dominio que dos partidos grandes han tenido sobre la política polaca.

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