Una huelga general de Brasil, en protesta por cambios propuestos a las leyes laborales, paralizó ayer los transportes en buena parte del país mientras manifestantes bloquearon calles y chocaron con la policía.
Una huelga general de Brasil, en protesta por cambios propuestos a las leyes laborales, paralizó ayer los transportes en buena parte del país mientras manifestantes bloquearon calles y chocaron con la policía.
El gobierno del presidente Michel Temer dice que la flexibilización de las leyes laborales reactivará una economía moribunda y advierte que, sin los cambios, el sistema jubilatorio caerá en bancarrota. Los sindicatos y otras organizaciones convocaron a la huelga, señalando que las nuevas leyes despojan a los trabajadores de muchos de sus derechos.
En San Pablo, la ciudad más grande del país, funcionaba una sola de las seis líneas del subte en la hora pico y ninguna de las de micros. Más tarde, otras dos empezaron a funcionar parcialmente. En Río de Janeiro, todas las líneas de colectivos mantenían servicios parciales y en Brasilia, la capital, el subte estuvo paralizado.
Se levantaron barricadas para cortar las calles y encendieron fogatas en las calles. La policía lanzó gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes que bloqueaban la ruta al aeropuerto de Congonhas, el menor de los dos de la ciudad. Indigentes y activistas bloquearon la ruta al aeropuerto de Guarulhos, pero ambos aeródromos funcionaban con normalidad.
La economía brasileña está sumida en la recesión y muchos están furiosos con el gobierno. Temer sostiene que las reformas propuestas traerán beneficios en el largo plazo pero, habiendo tanto desempleo, muchos piensan que no pueden aceptar los recortes a sus beneficios sociales.
La agencia estadística IBGE informó ayer que el desempleo había aumentado del 12 al 13,7% en el primer trimestre.