Hasta este momento la administración de las aguas, en términos generales, se realiza a la oferta. Esto significa que en forma administrativa se reparte en cabecera el caudal que en ese momento escurre en el río. Con ese caudal en cabecera se dotan los canales y a la boca de toma de la finca regada llega la dotación que superó las pérdidas de la red de riego.
En la actualidad, en áreas presurizadas, la administración del agua de riego se realiza a la demanda. Esto significa que la dotación que llega a las fincas esta de acuerdo con el proyecto de riego de la misma, época y láminas de riego necesarias para hortalizas o frutales, tipo de cultivo, manejo de técnicas propias de cada cultivo como la necesidad de generar estrés hídrico en ciertos momentos, para mejorar la calidad del producto, etc.
La presurización del recurso destinado al campo requiere la organización de un nuevo modelo administrativo que se ajuste a las necesidades de la sociedad actual y compleja, incorporando una serie de cambios técnicos, administrativos, económicos y legales para que este modelo funcione adecuadamente.
La primera actividad debiera ser la transformación de la red de riego en tuberías a presión que conduzcan el agua hasta los sectores de consumo. Para producir este cambio será necesaria la organización física y administrativa del oasis, separando las áreas con gran desnivel topográfico para aprovechar las pendientes y generar presión, de aquellas que no poseen pendiente
. Esta situación traerá, como consecuencia, la reformulación de nuevas zonas de administración dentro del oasis, como también la modificación de la provisión del agua a sectores que se abastecían con otros canales.
Esto requerirá la modificación de los derechos de riego, como también la modificación de la superficie a regar según los derechos. Esto se da debido a que con el riego presurizado las dotaciones a entregar se reducen a casi a la mitad de lo usado por el riego por superficie.
En las zonas llanas, en donde la pendiente del suelo no permite la generación de presión, será necesario organizar el oasis de manera tal de poder construir grandes estanques de acumulación de agua con plantas de bombeo que generen presión para la conducción del agua hasta las fincas regadas. Otra alternativa sería la de conducir el agua hasta las fincas por medio de la red de tuberías y que en cada una de ellas se genere la presión para atender el riego. Esta situación se puede dar en fincas grandes, en donde es posible la construcción de represas de acumulación del agua.
En fincas pequeñas esto sería imposible y se requeriría nuevamente la construcción de estanques comunitarios. Esta situación generaría varios problemas, entre ellos se puede comentar el incremento del consumo de energía eléctrica con un aumento de la demanda, la modificación de la estructura del oasis, la importancia de la aplicación de la Ley de Uso del Suelo para poder sectorizar la zona de riego de la zona urbana e industrial, como también la imposibilidad de fraccionamiento de las tierras con aptitud agrícola para evitar que las áreas presurizadas dejen de ser sectores de abastecimiento normal y se produzcan colapsos en los equipos de presurización.
Esta transformación del uso del agua requerirá la necesidad de la reorganización de la administración del manejo del recurso a nivel de la cuenca, por parte de los usuarios. Entre estas modificaciones se pueden mencionar las tres más importantes. La primera, la necesidad de incorporar en el manejo de la nueva área de riego a técnicos que puedan controlar equipos de bombeo, consumos eléctricos, láminas a entregar en fincas, balances hídricos entre la demanda y la oferta. Esto terminará con la presencia del inspector y el tomero, que en la actualidad son los responsables del manejo y mantenimiento de la red de tierra y de la apertura y cierre de compuertas.
Será necesaria la organización de empresas de servicios a nivel de cuenca, administradas por los usuarios con capacidad de manejo del recurso, abastecimiento de todos los servicios y también la de generar políticas de inversión para el mantenimiento y mejora de la red y el ambiente.
Esto determinará la necesidad de vincular a los bancos como apoyo a la administración y a la necesidad de crédito tanto nacional como internacional para poder manejar, modificar o emprender nuevos proyectos dentro de su área de influencia.
La tercera y más compleja será la de organizar un ámbito de responsabilidades a cumplir por esta empresa para poder recaudar el dinero necesario para un normal desempeño de sus funciones.
Por otra parte, será muy importante la elaboración de las pautas de este plan de política hídrica para definir cómo y en qué proporción los diferentes sectores de la sociedad deberán participar en la amortización económica de la gran inversión necesaria para la transformación de la oferta presurizada del agua, como las ciudades, los pueblos, el sector industrial, la agricultura.
Además, cuáles serán las políticas necesarias a implementar para amortizar esta gran inversión, teniendo en consideración que los beneficios no solo alcanzarán a la agricultura, con un riego más eficiente, sino también al sector urbano, ambiental e industrial.
En este sentido es interesante señalar que en las últimas décadas se dieron grandes pasos adelante en la política de modernizar la administración. Por ello sería necesario recordar que en la década de los ochenta se produjo la unificación de los organismos de usuarios y con ello su autosuficiencia financiera.
Años más tarde se organizaron a nivel de oasis las asociaciones de usuarios, con lo que mejoró la administración del agua a nivel de la red secundaria. Por último, en la misma década se organizaron los Consejos de Cuenca, con lo que se mejoró la evaluación de la distribución del recurso en el oasis.
Con este proceso de actualización solo quedaría la etapa de la organización de las empresas de servicios a nivel de la cuenca para poder ingresar en un período moderno de la administración, con poder de inversión y con la posibilidad de manejar el recurso hídrico para todos los usos.