1 de agosto de 2016 - 00:00

La noche de los peregrinos

Música, cantos, charlas y hasta amoríos marcaron la noche bajo las estrellas de los peregrinos en el inmenso Campo de la Misericordia de Cracovia, donde no se bebe ni se fuma, pero sí se puede encontrar el amor.

“Conocí tres parejas que decidieron casarse aquí durante las jornadas”, comenta divertido el colombiano Alejandro Girón, un trabajador social de la conferencia episcopal de su país quien viajó junto con un grupo de unas 40 personas entre menores de edad y adultos.

La llamada JMJ de Polonia podría ser la más internacional de las ediciones de este encuentro, ya que llegaron peregrinos de países remotos, logrando todo un récord de 187 países representados, una torre de Babel moderna.

Intercambiar canciones, banderas, gritos de aliento y rivalizar con el nacionalismo ha sido el mayor entretenimiento de esos jóvenes, que viajan acompañados por párrocos, monjas, seminaristas y se alojan en casas de familias y escuelas.

“Me voy de Polonia con otra mamá. Ahora tengo dos”, dice Alejandro que no tiene palabras para agradecer la amabilidad y generosidad de la familia que lo hospedó.

La música electrónica con letra religiosa fue clave para esa noche especial, ni fría ni caliente, en la que jóvenes iraquíes, coreanos, centroafricanos, chinos, australianos y libaneses se mezclaban con argentinos, brasileños y numerosos europeos: polacos, italianos, franceses, españoles.

“Es que aquí encontramos gente que tiene nuestros mismos valores”, confiesa la polaca Aleksandra, de 18 años, que se enamoró del español Ignacio, de 22, mientras conversaban acostados sobre el prado en medio a los toldos improvisados de todos los colores.

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